"El sabio puede cambiar de opinión. El necio, nunca" Immanuel Kant

jueves, 17 de diciembre de 2009

Documental: La Clave del Misterio de la Vida

Es un honor para mi poder compartir con ustedes, uno de los mayores trabajos cientificos del diseño inteligente; espero que puedan ver cada parte del documental, y al final reflexionar y cuestionar si verdaderamente las "teorias" cientificas que nos han vendido, son realmente cientificas, o el producto de ideas prejuiciadas.

Elaborado por illustramedia.com

Es realmente interesante observar que cuanto más sabemos acerca de la vida y de la biología tantos más problemas tiene el darwinismo y tanto más evidente se hace el diseño

( Michael Behe, Doctor en Biología )












sábado, 5 de diciembre de 2009

CREACIONISMO: La Ciencia frente a la fe darwinista

CREACIONISMO: La Ciencia frente a la fe darwinista
Escrito por creacionismo.net

El creacionismo es una afirmación científica, lógica y razonable: "las cosas no se hacen a sí mismas". El Universo, la Vida y el Hombre no han llegado a existir espontáneamente y por tanto, son la obra de un Creador.

El método científico nos proporciona un torrente constante de evidencias creacionistas. Ninguna evidencia obtenida según el método científico niega la creación, al contrario. todos los descubrimientos científicos, todas las leyes científicas conocidas, todos los fenómenos observados en la naturaleza, son testimonios claros de un Creador.

Entonces... ¿por qué tanta gente niega la creación? Porque los datos científicos no hablan por sí solos sino que deben ser interpretados según un modelo.

En relación con los orígenes existen fundamentalmente dos modelos; el naturalismo (el universo se ha creado por sí mismo) y el creacionismo (el universo ha sido creado por una mente inteligente).

Naturalismo: Las cosas se crean a sí mismas.

El Naturalismo afirma que el Universo, la Vida y el Hombre han llegado a existir por medio de causas naturales tales como explosiones, descargas eléctricas, mutaciones aleatorias o selección natural.

El Naturalismo suele expresarse en forma de teorías científicas naturalistas. Una teoría científica es una posible explicación de la realidad que los científicos intentan probar experimentalmente.

Algunas de las teorías que los naturalistas se esfuerzan por probar son:

  • Big bang: El Universo surgió por una causa natural; una explosión.

  • Abiogénesis: La vida se genera espontáneamente por causas naturales, a partir de la materia inerte.

  • Macroevolución: Las especies superiores se generan, a partir de las inferiores por dos causas naturales; mutaciones (errores de copia) y selección natural.

El naturalismo, a pesar de contradecir la lógica y la razón, es el punto de vista hegemónico en la mayoría de las instituciones educativas de occidente. En muchos lugares ha alcanzado la condición de dogma (no se admite ninguna crítica).

Creacionismo: Toda creación es obra de un creador

El Creacionismo, siguiendo las conclusiones del método científico, se basa en la observación de los fenómenos naturales y afirma que ningún proceso natural conocido puede haber sido la causa de la aparición del Universo, la Vida o el Hombre.

El creacionismo se basa en principios científicos

El creacionismo se asienta sobre una base científica: Los Principios de la Causalidad.

1./ Todo fenómeno obedece a una causa.

2./ El fenómeno y su causa están íntimamente relacionados.

La lógica científica y la razón indican que toda estructura que refleja un diseño inteligente (por ejemplo un avión) es consecuencia de una causa inteligente (un ingeniero aeronáutico).

Todos los estudios científicos concluyen que el Universo, la Vida y el Hombre presentan las características de haber sido diseñados por un creador inteligente. Gracias al método científico las pruebas científicas de la creación se acumulan con una velocidad vertiginosa.

El creacionismo se basa en leyes científicas

El Creacionismo se fundamenta en las leyes científicas establecidas. Una ley científica es un fenómeno universal observado experimentalmente y que puede verificarse mediante el método científico.

Algunas de leyes establecidas mediante el método científico que confirman la creación son:

  • Leyes de la Termodinámica:

    LEY CIENTIFICA: La cantidad de energía permanece constante y la entropía aumenta con el paso del tiempo.

    CONSEQUENCIA LOGICA: Hubo un momento en el pasado en el que la entropía del universo era cero, es decir que toda la energía era útil.

  • Ley de la Biogénesis:

    LEY CIENTIFICA: La vida viene de la vida.

    CONSEQUENCIA LOGICA: La vida en el universo procede de un ser vivo.

  • Leyes de Mendel:

    LEY CIENTIFICA: Las características de un ser vivo son siempre una recombinación de la información genética heredada.

    CONSEQUENCIA LOGICA: Las variaciones dentro de una misma especie son el resultado de una gran cantidad de información genética presente ya en sus antepasados no de la aparición espontánea de nueva información genética..

Conclusión

Naturalismo y Creacionismo son dos interpretaciones opuestas del mundo natural.

El Naturalismo, en contra de las leyes científicas establecidas, afirma que el Universo la Vida y el Hombre llegaron a existir por causas naturales. El Naturalismo se expresa en teorías no observadas con el método científico ( Big Bang, Abiogénesis, Macroevolución, etc ).

El Creacionismo afirma que, según el principio de la causalidad, toda creación es obra de un Creador. El creacionismo se apoya en leyes y principios observados científicamente (Termodinámica, Biogénesis, Mendel, etc).

Creacionismo.net aspira a ser una plataforma de divulgación científica porque la ciencia, al estudiar la creación, nos muestra la Gloria del Creador.

Los cielos muestran la Gloria de Dios (Salmo 19:1)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Cuatro señales del fin

Cuatro señales del fin

No podemos exponer y comentar todas las señales de su segunda venida
(Jesucristo) al mundo que anuncia la Biblia. Permitidme sólo citarlas brevemente.

La primera señal es: «guerras y rumores de guerras». Guerras las ha habido siempre, pero eran pequeñas en comparación con las que hemos visto en nuestra generación. Dos guerras mundiales con millones de muertos. ¿Y por qué añade Jesús rumores de guerras? Por lo que ilustrábamos al principio con el barril de pólvora. El temor mutuo frena las guerras, es cierto, y por esto Jesús habla de rumores de guerra, o sea, la guerra fría, como la llamamos nosotros, detrás de las recientes guerras calientes.

La segunda señal que presenta la Biblia para el tiempo del fin es un adelanto fenomenal de la ciencia: «Aumentárase la ciencia», dice el profeta Daniel, hablando precisamente de los últimos tiempos, y añade: «Correrán las gentes de un lado a otro». Desde que los hombres existen como hombres sobre la tierra, el transporte de un lugar a otro fue efectuado por tracción animal. Podían variar la forma de los vehículos, pero siempre era el mismo medio y más o menos la misma velocidad, el trote de caballos, pero en el último siglo, «la ciencia se ha multiplicado», (usando la misma palabra del profeta Daniel), no un ciento por ciento, sino millares de veces por ciento, ya que hemos pasado en pocos años del caballo al avión y ello ha facilitado dos cosas, una buena y otra mala. Por un lado la facilidad para correr de una nación a otra, las máquinas, la radio, la televisión (cosas buenas), y por otro lado el temor constante de una guerra catastrófica.

La tercera señal es la vuelta de los judíos a su patria. Esta profecía que parecía muy lejana a principios de siglo, la hemos visto cumplida: los descendientes de Ismael están a la greña con los de Jacob, porque éstos han tomado posesión de la tierra que tuvieron sus antepasados, después de haber estado casi dos mil años esparcidos por todo el mundo tal como les fue profetizado.

La cuarta señal es el escepticismo religioso. Jesús dijo: «Cuando el Hijo de Dios viniere, ¿hallará fe en la tierra?» (Lucas 18:8). Es muy raro que el iniciador de un movimiento político, social o religioso anuncie un colapso de las ideas que él mismo se esfuerza en promover, todos anuncian lo contrario. Pero Jesús conocía el porvenir y preanuncia precisamente un eclipse de la fe para los últimos tiempos in-mediatos a su venida, de modo que a los que creemos no nos desalienta la incredulidad, antes bien nos sentimos inclinados a decir: «Tú lo sabías, Señor, lo que iba a ocurrir en los últimos tiempos; esto nos demuestra que no eras un hombre como nosotros, sino el Hijo de Dios. Ayúdanos y acrecienta nuestra poca fe».

Finalmente, sobre la quinta señal, el apóstol Pablo nos advierte de que en los últimos días reinarán una inmoralidad y un absoluto desprecio de los mandatos de Dios en cuanto a los lazos de la familia y de la sociedad como jamás había existido. ¿Y qué ocurre hoy día? ¿No son estas cinco señales profetizadas en la Biblia y cumplidas en nuestros días una prueba indudable de que la vuelta de Jesucristo está a las puertas? Me figuro que muchos dirán: ¿Pues qué espera? ¡Que vuelva ya de una vez y termine con todo este desbarajuste mundial! ¿Qué espera? Espera que hoy, cuando su Palabra puede ser anunciada por medios que no tenían nuestros antepasados, como la abundancia de literatura y la radio, algunas personas más hagan caso de estos avisos y se vuelvan a Él. San Pedro dijo: «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento» (2ª Pedro 3:9). ¿Está usted preparado o no lo está? ¿Qué piensa usted de estas señales tan claras que nos da la Biblia referente a los acontecimientos del tiempo del fin? ¿No coinciden todas de un modo maravilloso? De ningún modo conviene dejar este asunto para cuando él haya aparecido, como muchos pretenden, a causa de la incertidumbre de si será o si no será cierto, pues la misma Palabra de Dios nos advierte que esta actitud es extremadamente peligrosa, ya que nos dice que su venida será inesperada y representará una tremenda sorpresa para el mundo entero, sobre todo para aquellos que teniendo motivos para creer, habrían estado dudando y retardando su entendimiento espiritual con Él.

Quizás usted diga: ¿Cómo ocurrirá su venida? ¿Qué sucederá en aquel tiempo? También la Biblia nos da algunos detalles sobre ello, pero no tenemos lugar ahora para exponerlo; lo haremos en una próxima ocasión. De momento, más conveniente que satisfacer nuestra curiosidad acerca del futuro del mundo –que quizá nosotros no veremos, especialmente los que ya contamos con algunos años, o una precaria salud– es asegurar un feliz encuentro con Él; pues lo cierto es que si Él no viene en el período de nuestra vida, siempre breve, nosotros hemos de ir a Él. Por esto dice el apóstol Pablo: «Así que vivimos siempre animados, y sabiendo que entretanto que habitamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos no por vista), pero cobramos ánimo y preferimos estar ausentes del cuerpo y habitar en la presencia del Señor. Por lo cual también anhelamos, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo para que cada uno recoja lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o malo».

Y todos tenemos la convicción de que no hemos hecho absolutamente siempre, y en todas las ocasiones, lo que a Él le es agradable. Por esto necesitamos con urgencia volvernos a Él para entrar en una nueva relación de amistad, para que cuando nos llame por medio de la muerte o Él venga a recoger a los que le esperan, y poner paz y orden en este mundo, nos encuentre preparados, pues su próxima venida significará una gran diferencia entre los que le han esperado y los que no lo han hecho. Él ha hecho ya todo lo necesario para hacer posible y fácil la reconciliación con Él, como podremos observar en próximos capítulos, en que nos ocuparemos de lo que Él vino a hacer por nosotros; y luego continuaremos explicando lo que Él hará en este mundo cuando venga personalmente, como hemos ilustrado con el ejemplo de aquel padre que no pudo aguantar por más tiempo el insensato juego alrededor del barril de pólvora y tuvo que imponer su autoridad.

Entonces se cumplirá la frase que tantas veces hemos repetido en el Padrenuestro: «Sea hecha tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo». Empecemos, empero, nosotros a amar y buscar su voluntad desde hoy.


Por: Samuel Vila en su obra ¿Es razonable la fe cristiana? pags 57-61

jueves, 3 de diciembre de 2009

"La evolución" demuestra que el Diseño Inteligente es incorrecto?

"La evolución" demuestra que el Diseño Inteligente es incorrecto?

La palabra "evolución" puede significar cosas diferentes. El más simple significado, es el de la historia natural, es decir la aparición de formas de vida diferentes. Un fuerte sentido implica un origen común, en su forma universal (todos los organismos descienden de un antepasado común) o en forma parcial (grupos de organismos han descendido de un ancestro común). "Evolución" es a menudo definida como la descendencia con modificaciones, o simplemente como cambios en las frecuencias de los alelos en el acervo genético de una población.

Ninguna de estas definiciones implica que el ID sea incorrecto, porque ninguna de estas definiciones es de modo alguno incompatible con DI.

ID es una teoría sobre la causa de la información genética, no se trata de las modalidades o la historia natural de su aparición, y no es en absoluto incompatible con muchos patrones conocidos de modificación limitada de que suele definirse como "micro evolución". ID afirma que el diseño es la causa, o por lo menos una de las causas principales de la información biológica compleja.


Una teoría que de hecho sería alternativa a la identificación, por lo que podría demostrar que es erróneo el ID, es cualquiera empíricamente bien fundamentada "teoría causal", que excluye el diseño, y que en otras palabras, sería la teoría que encaje bien con las pruebas y que pueda explicar la presencia o aparición de información biológica compleja a través de la oportunidad, necesidad, u cualquier combinación de las dos, o cualquier otro escenario que no incluya el diseño.


Sin embargo, una vez que descartamos tan sólo historias y similares, veremos que no existe hoy, ni ha habido alguna vez, una teoría así. Por otra parte, la única fuente empíricamente bien fundamentada de información funcional específico-compleja es: la inteligencia.


Para resumir: no existe una definición de la evolución que sea realmente incompatible con un escenario de identificación. Cualquier teoría causal de la evolución que no incluyen el diseño es, evidentemente, alternativa, e incompatible con, ID.


Sin embargo, mientras muchas teorías se han aceptado como verídicas por lo que han propuesto, aunque les falte sistemáticamente apoyo empírico y de todas maneras son aceptadas. Por el contrario, el diseño inteligente es una fuente empírica conocida de la clase de información compleja-especificada (CSI) exhibida por sistemas biológicos complejos.


Fuente:“Evolution” Proves that Intelligent Design is Wrong

Traducción y adaptación: Edgar Ramírez

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Diseño inteligente, ¿apariencia o realidad?

Diseño inteligente, ¿apariencia o realidad?
Escrito por Antonio Cruz, Doctor en Biología
La biología experimentó durante el pasado siglo XX tres grandes revoluciones. La primera fue la revolución darwiniana, que introdujo en la ciencia la creencia del origen único de todos los seres vivientes, incluido el propio hombre. Se empezó a aceptar que la complejidad y el aparente diseño de todo lo vivo se debía sólo a las leyes de la evolución que actuaron al azar sobre la materia simple y desordenada. La segunda revolución vino provocada por el descubrimiento del ADN como molécula poseedora de la información genética de los organismos. Y la tercera, que en mi opinión se opone a la primera, es la revolución que supone el descubrimiento de la universalidad del diseño genético de los animales.
Hoy se ha hecho evidente que todos los habitantes de este planeta presentan un plan original escrito en sus genes, minuciosamente concebido para que sean como son y puedan sobrevivir en el medio que lo hacen o adaptarse a otro, si es que las condiciones lo requieren. Frente al azar propuesto por la primera revolución, se alza el diseño que viene de la mano de la tercera.

Uno de los pensadores que desarrollaron el argumento acerca del diseño inteligente que evidencia la naturaleza, fue el teólogo protestante y filósofo inglés del siglo XVIII, William Paley (1743-1805) en su Teología natural.

En el párrafo inicial de dicha obra escribió las siguientes palabras: “Supongamos que, al cruzar un brezal, mi pie tropezara con una piedra, y me preguntaran cómo llegó la piedra a estar allí; yo podría responder que, según mis conocimientos, la piedra pudo haber estado allí desde siempre; y quizá no fuera muy fácil demostrar lo absurdo de dicha respuesta. Pero supongamos que encontrara un reloj en el suelo, y me preguntaran cómo apareció el reloj en ese lugar; ni se me ocurriría la respuesta que había dado antes, y no diría que el reloj pudo haber estado ahí desde siempre. ¿Pero por qué esta respuesta no serviría para el reloj como para la piedra, por qué no es admisible en el segundo caso como en el primero? Pues por lo siguiente: cuando inspeccionamos el reloj, percibimos algo que no podemos descubrir en la piedra, que sus diversas partes están enmarcadas y unidas con un propósito, es decir, que fueron formadas y ajustadas para producir movimiento, y que ese movimiento se regula para indicar la hora del día; que si las diferentes partes hubieran tenido una forma diferente de la que tienen, o hubieran sido colocadas de otro modo o en otro orden, ningún movimiento se habría realizado en esa máquina, o ninguno que respondiera al uso que ahora tiene. [...] Observando este mecanismo, se requiere un examen del instrumento, y quizás un conocimiento previo del tema, para percibirlo y entenderlo; pero una vez observado y comprendido, como decíamos, es inevitable la inferencia de que el reloj debe tener un creador, que tiene que haber existido, en algún momento y lugar, un artífice o artífices que lo formaron para el propósito que actualmente sirve, que comprendió su construcción y diseñó su uso” (Behe, 1999, La caja negra de Darwin: 261-262).

Paley concluyó de este razonamiento que, de la misma manera, los seres vivos que pueblan la Tierra son altamente complejos y, por tanto, demandan la existencia de un Creador que los haya planificado. Fue muy criticado por culpa de las exageraciones que empleó en algunos de sus argumentos pero, en mi opinión, en éste del reloj jamás ha podido ser refutado. Ni Darwin ni ninguno de sus seguidores hasta hoy han sido capaces de explicar cómo es posible que un sistema tan complejo como un reloj (irreductiblemente complejo según Behe), se haya podido originar sin la intervención de un relojero que lo diseñara.

Sin embargo, hubo serios intentos de rebatirlo, como el del filósofo David Hume, quien arguyó que el argumento del diseño no era válido porque comparaba dos cosas que, en su opinión, no se podían comparar: una máquina y un organismo biológico. Es verdad que en aquella época no se podían comparar. No obstante, los avances de la bioquímica se han encargado de demostrar que Hume no tenía razón. Hoy se sabe que ciertos mecanismos biológicos son capaces de medir el tiempo como si fueran relojes.

Las células que controlan los latidos del corazón, el sistema hormonal que es capaz de iniciar la pubertad o la menopausia, las proteínas que ordenan a las células cuándo se tienen que dividir, y otros similares indican que la analogía entre un organismo viviente y un reloj no es tan disparatada. Además muchos de los componentes bioquímicos de la célula actúan como engranajes, cadenas flexibles, cojinetes o rotores similares a los que tienen los relojes. Los mecanismos de realimentación que se emplean en relojería también se dan en bioquímica. Incluso es posible que en el futuro se pueda llegar a diseñar relojes mediante materiales exclusivamente biológicos. Por tanto, la crítica de Hume ha quedado anticuada y ha sido descartada por los descubrimientos de la bioquímica moderna.

Otro argumento contrario al diseño inteligente es el de la imperfección. Si hay -se dice- un Creador sabio que diseñó la vida en este planeta, entonces debió hacerlo todo de manera perfecta, ¿por qué pues existen las imperfecciones? ¿Por qué posee el ojo humano un punto ciego? ¿A qué se debe el derroche de tantos genes sin función como existen en el ADN? ¿Por qué hay órganos rudimentarios que no tienen función? ¿No encaja todo esto mucho mejor con la selección natural al azar que con una planificación inteligente? Este presuntuoso razonamiento se basa en la equivocación de creer que se conoce la mente o los motivos del Creador. Si algo no concuerda con la concepción humana de cómo deberían ser las cosas, entonces se concluye que no puede existir tal proyectista original.

Sin embargo, es posible recurrir aquí a una analogía entre el diseñador por excelencia y los padres humanos. Piénsese, por ejemplo, en la educación de los hijos. ¿Otorgan siempre los padres a sus pequeños todo aquello que éstos les piden? ¿No hay muchos progenitores que niegan a sus descendientes los mejores juguetes, o los más caros y sofisticados, con el fin de no malcriarlos o de que aprendan a valorar el dinero? A veces, lo mejor no es lo más conveniente. El argumento de la imperfección pasa por alto el hecho de que el Creador pudo tener muchas razones para hacer las cosas como las hizo y que aquello que en la actualidad se considera como óptimo, no tenía por qué serlo también en los planes del diseñador.

Pretender realizar un análisis psicológico del Creador que revele los motivos de su actitud es una tarea muy arriesgada, a no ser que él mismo manifestara su finalidad. También es posible que muchas de las imperfecciones que existen actualmente en el mundo natural no hayan sido diseñadas así desde el principio, sino que se deban a degeneraciones genéticas provocadas por los cambios y la influencia del medio ambiente.

El argumento que supone que un Creador sabio habría hecho el ojo de los animales vertebrados sin punto ciego y que, por tanto, lo más razonable sería creer que éste fuera el producto de la evolución darwiniana no dirigida, se basa en un sentimiento emocional de cómo deberían ser las cosas y no en el rigor científico. Pues, lo cierto es que cuando se analiza a fondo la bibliografía especializada, no se descubren pruebas que demuestren cómo es posible que la selección natural, actuando sobre las mutaciones al azar, sea capaz de originar uno ojo con su punto ciego o cualquier otro órgano irreductiblemente complejo. “Un observador más objetivo sólo llegaría a la conclusión de que el ojo de los vertebrados no fue diseñado por una persona a quien le impresionara el argumento de la imperfección” (Behe, 1999: 277).

Tampoco la existencia de los órganos vestigiales, (como los ojos rudimentarios de los insectos cavernícolas o de algunos topos que viven siempre en la oscuridad, las pequeñas patas de ciertos lagartos parecidos a serpientes, la pelvis reducida de las ballenas o la existencia de seudogenes) es capaz de destruir el argumento del diseño inteligente. El hecho de que no se haya descubierto todavía la función de una determinada estructura no significa que carezca de ella. Antes se pensaba, por ejemplo, que las amígdalas no servían para nada. Hoy se sabe que poseen una función importante dentro del sistema inmunitario. Lo mismo puede decirse del apéndice cecal en el intestino, que es un órgano linfoide que participa también en la producción de defensas contra las infecciones.

La lista con más de 200 órganos humanos considerados rudimentarios a principios del siglo XX, se ha ido reduciendo hasta prácticamente desaparecer ya que se ha descubierto que cada uno de ellos cumple con alguna función útil por reducida que sea. Se ha señalado que la pelvis en las ballenas hace posible la erección del pene en el macho y contribuye a la contracción de la vagina en la hembra. Parece que los seudogenes no forman proteínas, pero deducir de esto que no sirven para nada es una conjetura arriesgada y prematura que se basa en suposiciones. Más adelante veremos que sí tienen una importante misión. Pero incluso aunque carecieran de alguna función, esto tampoco explicaría cómo se habrían podido producir por selección natural. De todo ello puede deducirse que el argumento de la imperfección es incapaz de refutar la creencia en un Creador original.

Lo que está ocurriendo actualmente es que la teoría del diseño inteligente que se opone al darwinismo, está cobrando cada vez más adeptos en el estamento científico. Son ya bastantes los estudiosos de prestigio que se han quejado de los planteamientos propuestos por el evolucionismo darwinista que parecen conducir inevitablemente a un callejón sin salida para sus investigaciones.

En este sentido el profesor Chauvin confiesa al principio de su obra: “Somos personas centradas en la práctica, con los pies en el suelo: lo que nos interesa de una teoría es que sea eficaz, que inspire experimentos. Ahora bien (y ya estoy oyendo chillar a algunos fanáticos), ¿reúne el darwinismo todavía estas condiciones? Es innegable que el darwinismo le ha dado un gran impulso a la biología, ¿pero puede Darwin todavía aportarnos algo? Creo que no, y no solo porque se hayan proferido demasiados disparates y errores en su nombre. [...] Me parece que desde hace años la convicción de que el darwinismo era la respuesta definitiva ha paralizado la investigación en otras direcciones; [...] hoy día no tenemos ninguna alternativa al darwinismo, salvo la de buscar una nueva teoría, cosa que hasta ahora no se ha intentado seriamente” (Chauvin, 2000, Darwinismo, el fin de un mito: 14).

Sin embargo, casi al final de su libro propone la siguiente idea: “Planteo la hipótesis de que podría haber dos programas, el de la doble hélice primero, relativamente a corto plazo, y otro programa a muy largo plazo, situado sin duda en el citoplasma, y del cual dependería la auténtica evolución de las especies. Esta hipótesis, en apariencia gratuita, podría desembocar en experimentos interesantes” (Chauvin, 2000: 281). Rémy Chauvin está convencido de que las especies han evolucionado, pero no mediante los mecanismos que propone el darwinismo sino por medio de algún programa todavía desconocido que debe estar escrito en el interior de las células. Pero si esto es así, la existencia de un programa requiere también la de un diseñador. Según sus propias palabras: “...no seamos hipócritas: cierto es que todo programa supone la existencia de un programador, y ninguna acrobacia dialéctica puede llevarnos a esquivar esta dificultad”.

De manera que la teoría de un diseño inteligente puede convertirse en un nuevo paradigma científico capaz de revolucionar la ciencia en el tercer milenio. A partir de ahora, si se abandonan los principios de Darwin, quizá será posible plantear experimentos que permitan demostrar qué sistemas biológicos fueron diseñados originalmente por el Creador y qué otros pudieron aparecer por mecanismos derivados de esa primera planificación.

La aceptación del diseño inteligente será sin duda capaz de hacer avanzar el conocimiento científico de los orígenes, tema que durante muchos años ha permanecido prácticamente estéril. Esto no significa que, de repente, todos los científicos tengan que volverse creyentes en el Dios de la Biblia (¡ojalá fuera así!), sino que de la misma manera en que es posible estudiar un meteorito que hace miles de años impactó con el planeta, analizando los elementos químicos que dejó esparcidos en un determinado lugar de la superficie terrestre, también resulta posible para la ciencia comprobar los efectos que un diseñador inteligente dejó patentes en los organismos vivos.

Es cierto que ninguna teoría científica puede imponer la creencia en Dios por la fuerza de la razón. La detección del diseño en el mundo natural no es capaz de facilitar información acerca del carácter del diseñador. Los investigadores ateos o agnósticos seguramente continuarán creyendo que la inteligencia creadora surgió de misteriosos alienígenas, que sembraron la Tierra con esporas vitales en una “panspermia dirigida” (lo cual no hace sino retrasar el problema del origen de la vida), o en cualquier otra hipótesis, mientras que los creyentes, como es obvio, preferiremos aceptar que el diseñador fue el Dios personal que se revela en la Escritura. Pero, a pesar de que la identidad del diseñador es ignorada por la ciencia, lo cierto es que ésta se abre por completo a la necesidad de su existencia. La gran revolución que debe asumir la comunidad científica en el siglo XXI es que la vida no procede de simples leyes naturales como se pensaba hasta ahora, sino de un diseño realizado por un agente inteligente. Y para los cristianos, desde la perspectiva de la fe, tal agente seguirá siendo el Dios de la Biblia.

La censura al argumento del diseño se ha fundamentado, durante más de un siglo, en la teoría darwinista de la selección natural. Según ella todos los seres vivos de este planeta habrían surgido por medio de la combinación del azar y la poderosa selección natural. Aunque pudiera parecer que tales formas vivas muestran indicios de diseño o de estar orientadas hacia una finalidad concreta, lo cierto sería más bien todo lo contrario. La selección natural no hace planes de futuro, no tiene visión para anticipar las cosas, ni intenciones previas, ni diseño inteligente, ni nada de nada. Es, en cualquier caso, como un relojero ciego y sin voluntad. De ahí que, según este criterio, no resulte posible comparar un reloj con un ser vivo.

Siempre me ha sorprendido la credulidad que hay que tener para aceptar tales planteamientos. ¿Cómo no ver que cuando se multiplica azar por azar sólo puede surgir más azar? ¿Acaso no es un salto de fe asumir que el producto de la casualidad de las mutaciones por la casualidad de la selección natural que actúa en el medio ambiente, sea capaz de dar lugar a estructuras tan poco azarosas o casuales como el cerebro humano? ¿Cómo se puede pensar que esto sea un hecho científico? Es evidente que la selección natural ciega se da en la naturaleza, de la misma manera que la selección artificial dirigida por el hombre se da también en las granjas y corrales, pero que sus efectos sean tan asombrosamente creativos como para producir, prácticamente de la nada, la maravillosa diversidad y el diseño de los seres vivos, es algo contrario al sentido común y a toda lógica.

Incluso aunque se siga esta misma línea de razonamiento evolucionista, se llega pronto a un importante absurdo: ya que el relojero que fabricó el reloj es un ser humano y, según el darwinismo, producto también del azar y la selección natural, entonces deberíamos admitir necesariamente que su obra artesanal, el reloj, fue fabricado sin finalidad alguna, sin previsión, sin plan de futuro, ya que procede de un individuo que habría sido creado de esa forma. ¿Cómo puede un ser surgido por casualidad originar obras con finalidad? ¿Es capaz lo incausado de diseñar y ser causa de algo? ¿No resulta todo esto, en el fondo, insensato e inaceptable?

La objeción evolucionista al argumento del diseño ha entrado hoy en una grave crisis ya que su principal apoyo, el mecanismo de la selección natural, se ha puesto en entredicho por parte de los propios científicos transformistas. A lo largo de la década de los setenta el paleontólogo, Stephen Jay Gould, fue uno de los primeros en perder la fe en la selección natural y en inducir también a otros a perderla. Al constatar las importantes lagunas del registro fósil y darse cuenta de que la mayoría de las especies petrificadas aparecían ya perfectamente formadas en los estratos, entendió que el gradualismo propuesto por Darwin, así como su método de la selección natural, no podían explicar los hechos. Entonces propuso otra teoría, la del equilibrio puntuado, en la que se evidenciaba su deseo de encontrar un mecanismo genético mucho más rápido que la selección natural y que no requiriera tantos fósiles intermedios como el darwinismo.

Actualmente el evolucionismo esta dividido en tres bandos: los neodarwinistas ortodoxos que se mantienen fieles a la selección natural, aquellos otros que prefieren la estabilidad de las especies a lo largo de toda su existencia, tal como propone el equilibrio puntuado, pero con grandes cambios adaptativos originados, según se cree, en breves momentos y en áreas geográficas muy restringidas, y, por último, quienes conciben la evolución como una mezcla de ambos planteamientos.

No obstante, esta diversidad de criterios indica que el hipotético mecanismo de la evolución sigue sumido en la más absoluta oscuridad. Hoy por hoy, las teorías de la selección natural continúan basándose en suposiciones no demostradas, pues extrapolar los resultados de experimentos que sólo han durado unos meses, a la inmensidad de los tiempos geológicos, constituye una auténtica extravagancia (Chauvin, 2000). De manera que el tradicional argumento del diseño continúa con la misma irrefutable validez que en los días de Newton, Tomás de Aquino o el mismo William Paley

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