¿ES LA EVOLUCIÓN CIENCIA RIGUROSA?
Fecha: 26 de febrero de 2010 Autor: Edgar Ramírez Publicado en: www.culturacristiana.org
(Fragmento del trabajo: Verdades que ocultan la evolución)
Quienes han trabajado durante décadas en la explicación darwiniana dan por sentado que la evolución es más que una teoría científica: la consideran una realidad absoluta. Resulta lógico pensar que alguien que ha dedicado su vida por completo al estudio del transformismo biológico difícilmente querrá descartar años de trabajo; por esa razón, rara vez se escuchará a estos académicos aceptar que la evolución carece de rigor o admisión de deficiencias en su objeto de estudio.
Sin embargo, cuando analizamos el tema de manera objetiva, encontramos que la teoría evolutiva contraviene postulados esenciales del método científico. Convencionalmente, dicho método se compone de los siguientes pasos:
Formulación de una pregunta: Surge al observar un fenómeno en la naturaleza (¿cómo?, ¿por qué?, ¿cuándo?). Para que el método científico pueda responderla, la variable debe ser medible.
Observación: Aplicación de los sentidos y herramientas para estudiar un objeto o fenómeno tal como se presenta en la realidad.
Inducción: Extracción del principio general a partir de observaciones o experiencias particulares.
Hipótesis: Planteamiento que busca explicar lo observado mediante una conjetura verificable ("Si realizo X , entonces sucederá Y ").
Experimentación y predicción: Puesta a prueba de la hipótesis en un entorno controlado, modificando un solo factor a la vez mientras se mantienen constantes los demás.
Demostración o refutación (Antítesis): Verificación mediante la repetición del experimento para asegurar que los resultados no sean fortuitos.
Tesis o teoría científica: Conclusiones consolidadas a partir de los datos recopilados.
¿Por qué la evolución no cumple con el método científico?
La teoría de la evolución omite o incumple varias fases fundamentales del método científico: la observación , la experimentación , la demostración y la replicación . Analizamos en primer lugar el factor de observación.
La observación
Cuando se pregunta por qué no es posible observar la macroevolución en tiempo real, la respuesta habitual es que se trata de un proceso extremadamente lento que requiere millones de años y que no puede atestiguarse en una sola generación humana.
Frente a esto surge la interrogante: ¿qué ocurriría si podríamos acelerar el proceso?, ¿qué pasaría si introdujéramos mutaciones masivas en el acervo genético de un organismo para seleccionar las "beneficiosas"? Si la evolución fuera un hecho reproducible, se podría acelerar y observar en un laboratorio.
Diversos defensores del darwinismo han intentado plasmar este proceso experimentalmente. A continuación, se analizan dos casos emblemáticos:
1. Las polillas moteadas del abedul ( Biston betularia )
En la década de 1950, el médico británico Bernard Kettlewell presentó lo que se demostró una prueba contundente de la selección natural. Durante el siglo XIX, las polillas moteadas del abedul pasaron de ser predominantemente claras a presentar una coloración oscura. Se consideró que este cambio se debió al camuflaje sobre los troncos de los árboles oscurecidos por el hollín industrial, lo que las protegía de los pájaros depredadores.
Para probarlo, Kettlewell liberó polillas claras y oscuras en bosques contaminados y no contaminados, observando cómo las aves consumían preferentemente las polillas más visibles. En un artículo publicado en Scientific American , Kettlewell calificó el hallazgo como «la evidencia que le faltaba a Darwin». El caso se convirtió en el ejemplo clásico de la selección natural y pasó a formar parte de los libros de texto ilustrados con fotografías de las polillas sobre los troncos.
No obstante, en la década de 1980, diversos investigadores demostraron deficiencias en el estudio. La más relevante fue que las polillas del abedul no se posan habitualmente sobre los troncos durante el día, sino que vuelan de noche y se refugian en las ramas altas. Al liberar las polillas sobre los troncos a la luz del día, Kettlewell creó una situación artificial. Hoy en día, múltiples biólogos cuestionan estos resultados o descartan que la selección natural fuera el factor determinante en las proporciones observadas.
En cuanto a las imágenes de los libros de texto, se comprobó que fueron preparaciones artificiales (en algunos casos se fijaron especímenes muertos a las cortezas). Aunque en su momento los investigadores creyeron representar la realidad de forma precisa, el montaje resultó metodológicamente incorrecto. A pesar de ello, el ejemplo continúa figurando en diversos materiales pedagógicos.
Además, el experimento de Kettlewell no documenta la aparición de una nueva especie ni de una nueva estructura anatómica. Ambas variantes (claras y oscuras) ya existían previamente; únicamente fluctuó la proporción poblacional entre una y otra.
Es necesario diferenciar entre la variación dentro de una misma especie ( microevolución ) y la aparición de nuevas estructuras u organismos distintos ( macroevolución ). La selección natural mediante pequeñas adaptaciones explica variaciones dentro de límites genéticos preexistentes —como las razas o variedades dentro de una especie—, fenómeno respaldado por evidencia empírica. Sin embargo, la pretensión de que este mismo mecanismo transforme gradualmente una criatura en otra de una clase distinta constituye una hipótesis, no un hecho probado.
2. La mosca de la fruta ( Drosophila melanogaster )
El segundo caso relevante es el trabajo iniciado por el genetista estadounidense Thomas Hunt Morgan a principios del siglo XX. Morgan utilizó la Drosophila melanogaster para estudiar las leyes de la herencia descubiertas por Gregor Mendel.
En 1910, Morgan identificó una mutación de ojos blancos en una población de moscas de ojos rojos. A través de cruzamientos controlados, conclusiones que ciertos caracteres están ligados al sexo y que los genes se ubican en cromosomas específicos, elaborando junto a sus estudiantes los primeros mapas cromosómicos.
Desde entonces, los experimentos con la mosca de la fruta han abarcado millas de generaciones e incontables mutaciones inducidas mediante agentes químicos o radiación, equivalentes a lapsos prolongados de presión selectiva en laboratorio. Si las mutaciones aleatorias y la selección guiada podrían generar nuevas especies u organismos de familias distintas, se habrían observado formas intermedias o transiciones hacia nuevos tipos de organismos.
Sin embargo, tras más de un siglo de experimentación y millas de mutaciones acumuladas, la Drosophila melanogaster sigue siendo una mosca de la fruta.
El zoólogo francés Pierre-Paul Grassé señaló al respecto:
«La mosca de la fruta ( Drosophila melanogaster )... cuyo patrimonio genético se conoce profundamente, parece no haber cambiado desde los tiempos más remotos».
Por su parte, el genetista Richard Goldschmidt indicó que, tras décadas de observar mutaciones en moscas, los cambios eran cuantitativamente insignificantes para dar origen a una especie distinta, concluyendo que aunque se combinan mil mutaciones en un solo espécimen, no se generaría una especie nueva.
Desde una perspectiva creacionista, este resultado coincide con lo expresado en el libro de Génesis, donde se establece que los organismos se reproducen «según su género» (Génesis 1:11, 21, 24-25). Tras un siglo de pruebas de laboratorio, los límites biológicos observados en la Drosophila confirman la estabilidad de las especies dentro de sus propios géneros o familias.
Experimentación y replicación
Debido a que los cambios macroevolutivos no son observables en tiempo real, tampoco ha sido posible diseñarlos ni reproducirlos en un entorno experimental controlado. Ninguno de los modelos citados ha demostrado la transformación gradual de un tipo de organismo en otro claramente distinto.
Uno de los requisitos indispensables del método científico es la replicación : una hipótesis debe ser probada y reproducida experimentalmente por laboratorios independientes para adquirir el estatus de teoría científica demostrada. Al no contar con demostración empírica ni replicabilidad sobre el origen de nuevas estructuras complejas o géneros biológicos, la macroevolución no satisface los criterios metodológicos habituales de las ciencias experimentales.
Ninguna hipótesis sobre los orígenes históricos se puede someter en su totalidad al rigor del método científico experimental en el presente. A pesar de que la narrativa evolucionista posee un amplio desarrollo teórico, no debe asumirse de forma crítica sin distinguir entre lo observado empíricamente (adaptación y microevolución) y lo inferido teóricamente (macroevolución y ancestro común).
Referencias y bibliografía
Autor: Edgar Ramírez, para: www.culturacristiana.org Notas: Moscas Mutantes Fastidian a la Evolución por Kyle Butt, MAApologetics Press http://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Hunt_Morgan ; http://www.sciencebuddies.org/mentoring/project_scientific_method.shtml ; http://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%A9todo_cient%C3%ADfico ; Las polillas moteadas del abedul: Proceso a Darwin Phillip E. Johnson Pág.37. Título: La supervivencia de los más falsos Título original: Survival of the Fakest Autor: Jonathan Wells, Ph.D. Fuente: Survival of the Fakest, artículo aparecido originalmente en The American Spectator -Diciembre de 2000 / Enero de 2001 - con permiso del Instituto Discovery - Discovery Institute, www.discovery.org , Discovery Institute · 1511 Third Ave Suite 808 · Seattle, WA 98101 · EE.UU. de Norteamérica. Traducción del inglés: Santiago Escuain © Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.
La evolución no es una ciencia. La evolución es una rama de la biología. Decir como decir que la gravitación es una ciencia
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