lunes, 12 de octubre de 2009

¡Fuera, Lucy! — Ahora le toca a Ardi

2 octubre 2009 — Un nuevo antecesor humano fósil ocupa el centro del escenario. Los enamorados de Lucy, la australopitecina hecha famosa por Donald Johanson (y por numerosos programas especiales de televisión) van a encontrarse con una sorpresa: Lucy es ya una vieja gloria. Su sustituta se llama Ardi, de Ardipithecus ramidus —la nueva prima donna en el árbol genealógico. En realidad, ha estado presente durante años desde que fue descubierta en Etiopía en 1992. Tim White y su equipo han necesitado 15 años para montar los huesos, que estaban en una condición sumamente deteriorada. Pero ahora Ardi ha hecho su debut, y está acaparando el protagonismo.

Fragmentos esqueléticos hallados en Middle Awash por Tim White, clasificados como pertenecientes a Ardipithecus kadabba, considerado por los paleoantropólogos evolucionistas como un antecesor de Ardipithecus ramidus. Ilustración: Lucius


El número especial de Science publicado esta semana lleva 16 artículos sobre este fósil en particular; esto es una cobertura excepcional para cualquier tema. En el principal Editorial,1Darwin verdaderamente tenía razón Bruce Alberts proclamaba: «» al predecir que la ciencia resolvería el misterio del origen del hombre. Los periodistas de divulgación al público están, como de costumbre, entusiasmados y lanzando titulares estridentes que anuncian la última saga sobre la evolución humana.2 Pero, ¡un momento! ¿No fue Lucy la última palabra sobre el tema allá por la década de 1970?

Está surgiendo un paradigma completamente nuevo junto con el desvelamiento de Ardi. El bombazo periodístico es como sigue: Lucy, después de todo, no tenía nada que ver con nuestro árbol genealógico. Ella y su clase estaban en una rama separada que no conducía hacia nosotros. De hecho, todos los chimpancés y grandes simios están ahora en ramas diferentes. De modo que hay un montón de cuentos que echar por la ventana. Ha transcurrido siglo y medio desde que Darwin presentaba comúnmente a los humanos como en la posición superior del árbol genealógico en un linaje continuo con los chimpancés como nuestros parientes vivos más cercanos. Esto se acabó. Ahora tenemos que considerar a todos los grandes simios como mamíferos sumamente evolucionados («derivados») en ramas separadas procedentes de un antecesor común más distante que era probablemente más como un mono pequeño. Y también por la ventana, con el resto de los trastos inútiles, se van otros conceptos populares: que los humanos descendieron de los árboles para cazar en la sabana (Ardi parece haber habitado en un bosque), y que los homínidos permanecieron en tierra (parece que Ardi seguía teniendo pies prensiles para asirse de los árboles).


Durante décadas, Lucy (Australopithecus afarensis) ha cumplido su papel icónico para el adoctrinamiento del público y de los estudiantes en una perspectiva materialista del linaje del hombre. Ahora se admite su no pertenencia al linaje humano y tiene que pasar la antorcha a Ardi (Ardipithecus ramidus), dentro del juego de interpretaciones materialistas aplicadas a restos de animales extintos.
Fotografía: 120

Lo más importante es que el nuevo paradigma cambia el mecanismo mismo de la evolución. En el neodarwinismo clásico, los rasgos evolucionan paso a paso mediante mutaciones y selección natural (el «modelo referencial»). Algunos evolucionistas están ahora adoptando una perspectiva más matizada llamada «suites adaptativas». Se trata de grupos de características que aparecen juntas y que evolucionan juntas como un conjunto. C. Owen Lovejoy (Universidad Estatal de Kent) explicaba esta idea en su artículo en Science titulado «Revisión del origen del hombre a la luz del Ardipithecus ramidus».3 (Como sería excesivo hacer una reseña de todos los 16 artículos acerca de Ardi, nos concentraremos en este artículo en particular, que explora las cuestiones más generales.) Antes de proponer su modelo de suites adaptativas, Lovejoy describe cuán equivocados han estado todos sus predecesores.

Un fin esencial de los estudios evolutivos sobre el hombre es explicar la singularidad humana, de modo muy destacado nuestra bipedalidad, nuestro señalado éxito demográfico, nuestra insólita fisiología reproductiva, y nuestras incomparables capacidades cerebrales y tecnológicas. Durante las últimas décadas, se ha argumentado rutinariamente que estos caracteres homínidos evolucionaron por simples modificaciones de homólogos compartidos con nuestros parientes vivientes más cercanos, el chimpancé y el bonobo (Pan paniscus). Este método se designa como modelado referencial. Un principio fundamental ha sido la suposición (algunas veces claramente expresada como tal, pero más a menudo simplemente disfrazada) de que Gorilla y Pan son tan insólitos y tan similares entre sí que no pueden haber evolucionado en paralelo; por tanto, los homínidos más primitivos tienen que haberse parecido también a estos simios africanos. Sin un verdadero registro fósil de los homínidos primitivos, la hipótesis cero de facto ha sido que el Australopithecus era mayormente una manifestación bípeda de un simio africano (especialmente del chimpancé). Estos escenarios por proximidad han sido elevados a lugar común por medio de comparaciones genómicas, que han establecido progresivamente las relaciones filogenéticas de Gorilla, Pan y Homo.

Fuera con el viejo modelo referencial — viva el nuevo modelo de suites adaptativas:

Una alternativa al modelado referencial es la suite adaptativa, una extrapolación de la teoría de la optimización. Las suites adaptativas son algoritmos semiformales, generalmente inductivos, que interrelacionan causalmente caracteres fundamentales que pueden haber contribuido a la pauta adaptativa total de un organismo. Como excelente ejemplo de esto lo tenemos en el camaleón cornudo (Phyrnosoma platyrhinos) del suudoeste de los Estados Unidos (Fig. 1). En el caso de esta especie, la interrelación entre una concentración dietaria de hormigas y su impacto en la forma corporal implica, al principio de manera contraintuitiva, que la elevación del tamaño del acoplamiento y la intensificación de la estrategia «r» (maximizar la cantidad de descendencia minimizando el cuidado paterno) son las consecuencias últimas de esta especialización.

Así, cuando contemplamos cuerpos humanos erguidos con todas sus especializaciones, tenemos que contemplarlos como suites de adaptaciones que evolucionaron conjuntamente a partir de algún cambio inicial de estilo de vida. En el caso del camaleón cornudo, algún lagarto antecesor de apariencia común le tomó gusto a las hormigas. Esto le llevó a consumir más de su nueva presa, debido a las grandes cantidades de quitina que tenía que digerir. Esto, a su vez, cambió su plan corporal, y lo transformó en más gordo y lento. Ahora tenía que evolucionar una armadura (espinas y cuernos) y un camuflaje para protegerse de los depredadores. De modo que a partir de un cambio en su estilo de vida evolucionó toda una suite de adaptaciones de manera conjunta.

Entonces, ¿cuál fue el estímulo que llevó a algún mono desconocido a iniciar su senda hacia la condición humana? Lovejoy examinó a Ardi en busca de pistas. Sus descubridores afirman que hay tres características que destacan en Ardi: (1) menos dimorfismo sexual (tamaño del cuerpo entre machos y hembras), aunque esto es especulativo; (2) unos dientes caninos reducidos; y (3) indicaciones de que Ardi andaba erguida (aunque esto es tema controvertido). Para él, esto significa que el antecesor común cambió sus hábitos reproductivos. Ahorraremos a nuestros lectores los detalles escabrosos en los que entra Lovejoy al hablar de formas y tamaños de los genitales, de conductas promiscuas y de conceptos darwinistas acerca de «competición de espermas» y de «cripsis ovulatoria», pero deduce de ello que el Ardipithecus tenía una suite de adaptaciones que iban a aparecer en su plenitud en la raza humana: monogamia, dientes rectos y una postura erguida. Quizá comenzó con un trato de sexo a cambio de comida. Esto exigía dar explicaciones acerca de algunas características peculiares de los genitales masculinos que no casan con esta explicación; en todo caso, la suite adaptativa es ahora el modelo explicativo preferido. Junto con la suite adaptativa de los humanos vinieron unos cerebros grandes, el uso de herramientas, el fuego, el lenguaje, el lanzamiento de lanzas, el transporte de alimentos, los abrazos, y, finalmente, la abstracción matemática y la música.

La conclusión de Lovejoy es que Lucy fue un desafortunado desvío que nos alejó de la verdadera comprensión de dónde está nuestro origen:

Sin embargo, y mientras se daba la proliferación de su registro fósil, el Australopithecus [Lucy y sus amigos] siguieron dándonos sólo una comprensión insuficiente del origen de los homínidos. Paradójicamente, a la luz del Ardipithecus, ahora podemos ver que el Australopithecus era demasiado derivado —que su locomoción era demasiado sofisticada, y que su invasión de nuevos hábitats era demasiado avanzada— para no oscurecer casi del todo la dinámica evolutiva primitiva de los homínidos.

Ahora, a la luz del Ar. ramidus, ya no hay ningunas razones a priori por las que tengamos que suponer que la adquisición de nuestra singular anatomía reproductiva y conducta estén desvinculadas de otras especializaciones humanas ...

Cuando se considera desde un punto de vista holista, como lo exige cualquier suite adaptativa, los caracteres de los homínidos primitivos que probablemente fueron entretejidos por la selección hasta llegar a generar la cognición parecen ahora en todos sus detalles tan biológicamente comunes como aquellos que también han afectado a la evolución de los lagartos, de las ranas, de los ratones de campo, de los monos y de los chimpancés. Al compararnos con nuestra parentela más cercana, da que pensar que la senda de los homínidos llevase a la cognición, mientras que la que condujo a Pan, nuestros parientes vivientes más cercanos, no lo hizo, a pesar de la casi sinonimia de nuestros genomas.

Por parientes vivientes más cercanos, Lovejoy se refiere a cercanos en ramas diferentes. La vieja imagen era que estaban cercanos más abajo en la misma rama. Es de observar que Lovejoy sigue empleando el término «selección». Esto es cierto: no está abandonando a Darwin: «Tal como exponía Darwin, la fuente última de cualquier explicación del ingenio humanoselección natural», sigue explicando. «La suite adaptativa que aquí se propone proporciona al menos un mapa evolutivo por el que la cognición hubiera podido emerger sin apoyarse en ningún rasgo mamífero especial». Ostensiblemente, esto significa que ahora los evolucionistas no tienen que explicar la cognición mediante la repentina emergencia por mutaciones de tan solo un «sustrato neural» (cerebro grande; véase El cerebro evolucionó, ¿o no?). Ahora pueden emplear la palabra «emergencia» a una suite interrelacionada de caracteres adaptativos que nos hace humanos. tiene que ser la

Los medios populares están todos haciéndose eco de esta línea de que los chimpancés ya no están en nuestra rama del árbol genealógico. La imagen del famoso esqueleto de Lucy ha quedado suplantada por representaciones artísticas de J.H. Matternes que nos muestran una hembra peluda y erguida con una sonrisa descarada parecida a la de la Mona Lisa. Pero Johanson no está aceptando esto con toda placidez, ¿verdad? Segúnla revista U.C. Chronicle of Higher Education, concedió que este fósil es «terriblemente importante para toda nuestra reflexión» sobre el origen de la humanidad (pongamos el énfasis en «terriblemente»), pero que «sin duda generará una amplia polémica» en los días que se avecinan. The Chronicle añadía que el debate incluirá «la cuestión de si Ardi es realmente un antecesor de los humanos».

Un tema que no se destaca en los reportajes populares es la condición fragmentaria de los huesos. Casey Luskin, del Instituto Discovery, escribiendo para Evolution News and Views, cita declaraciones de que el espécimen estaba «aplastado y casi hecho añicos». El sustrato era de creta y blando, y parecía «un guisado irlandés» que se volvía polvo con el más ligero contacto. Esto incluía los huesos de la pelvis, imprescindibles para determinar si este ser andaba erguido. Hace seis años, el mismo Tim White advertía a sus colegas investigadores que la deformación geológica de fragmentos fósiles puede producir impresiones engañosas de diversidad de las especies (véase Los huesos del hombre primitivo: La deformación geológica y la variación natural pueden remedar la diversidad). Ahora queda claro que estaba trabajando con estos fragmentos tan dañados del Ardipithecus en las fechas que dio esta advertencia (véase, por ejemplo, la entrada —en inglés— para 19/04/2006 y especialmente las polémicas de 29/10/2002 y 23/09/2004).

En un segundo artículo para Evolution News, Luskin comentaba acerca del cambio en las reglas de juego que se atribuye a este descubrimiento. En realidad, como observaba Luskin, se trata de otro episodio de un viejo libro de juegos: pretender que el nuevo descubrimiento «pone del revés los puntos de vista dominantes sobre la evolución humana».

Los lectores sagaces pueden también haber observado que White asigna a Ardi una edad de 4,4 millones de años antes del presente, mientras que el ejemplar Lucy de Johanson se había encontrado en un emplazamiento cercano, y se había datado en 3,2 millones de años antes del presente. Algunas de las preguntas que no se hacen son (1) qué dirección tuvo la evolución durante 1,2 millones de años, el tiempo entre Ardi y Lucy, (2) hasta qué punto cambió geológicamente el paisaje durante este tiempo, y (3) es posible que estas especies fuesen coetáneas. Sólo los creacionistas bíblicos están planteando la otra pregunta que se pasa por alto: ¿Cómo pueden demostrar estas dataciones sin dar la evolución como un supuesto? Para algunas respuestas creacionistas al Ardipithecus en particular y a la evolución humana en general (en inglés), véanse los artículos 1, 2 y 3 en CMI.


1. Bruce Alberts, «Understanding Human Origins», Science, 2 October 2009: Vol. 326. no. 5949, p. 17 DOI: 10.1126/science.1182387.

2. Una breve lista de reportajes populares: National Geographic News, Science Daily, Live Science, PhysOrg y BBC News.

3. C. Owen Lovejoy, «Reexamining Human Origins in Light of Ardipithecus ramidus». Science, 2 octubre 2009: Vol. 326. no. 5949, pp. 74, 74e1-74e8, DOI: 10.1126/science.1175834.

Pues bien, Tim White está recibiendo sus 15 minutos de fama (véase Las perspectivas acerca de los homínidos — proceden más de la filosofía que de los fósiles). Los lectores que hayan estado siguiendo en inglés las conflictivas historias acerca del origen del hombre en este mismo blog, o en inglés en Creation-Evolution Headlines, serán conscientes de las rivalidades existentes entre los cazadores de fósiles. Cada año, más o menos, como si siguiesen una señal, los medios de comunicación entran en un frenesí acerca del último antecesor fósil de los humanos, y dicen más o menos que «todo lo que se sabía era equivocado». Reescribamos los libros de texto; todo lo que se enseñaba hasta ahora ha sufrido un vuelco y se tiene que revisar tras este último fósil. Y tenemos el grupo de Leakey, el grupo de Haile-Selassie, el grupo de Johanson, los españoles, los georgianos y otros, todos compitiendo en pos del protagonismo. Si se consigue un golpe efectista de publicidad, a esto siguen giras de conferencias, contratos de publicación de libros y la fama. La competición es especialmente efectiva cuando uno puede darle un nombre atractivo a tu fósil —Lucy in the Sky with Diamonds, Ardi, o Ida (y, hablando de Ida, el intento del pasado mayo de provocar un vuelco con Ida fracasó —véase Ida (Darwinius masillae) — ¿otro eslabón perdido de la línea humana? y Ida — el aspecto más sórdido de la paleoantropología. Incluso desde el campo tan deslabazado de la paleoantropología se vio que se trataba de un circo demasiado descarado). Este juego comienza una y otra vez. El último contendiente promete que el nuevo hallazgo «arroja luz sobre la evolución» y que nos ayuda «a comprender nuestros orígenes». Y cada vez se precisa de multitud de prodigios del azar para conseguir que los humanos adquieran su cognición y sus «incomparables capacidades cerebrales y tecnológicas» (p. ej., 29/03/2004).

Esta vez están intentando anticiparse a las críticas mediante el mero volumen de palabras escritas. Es como lanzar cien misiles de señuelo para conseguir que el enemigo malgaste todos sus interceptores. El lector puede tratar de leer todos estos artículos, si lo desea, pero no tiene sentido tomarse esto en serio, porque como ya hemos observado son vaciedades que se autorrefutan. Si el cerebro de Tim White es producto de algún antiguo juego de sexo a cambio de alimentos al que jugaban los genes de Ardi, sin su decisión cognitiva sobre ello, entonces no tenemos forma alguna de saber que el cerebro de Tim White es producto de algún antiguo juego de sexo a cambio de alimentos al que jugaban los genes de Ardi. Esto socava todo su sistema de razonamiento. No podemos creer una sola palabra de lo que dice. Su escenario queda tan pulverizado como los huesos de Ardi. Si realmente quiere razonar, si desea de veras encontrar la verdad, tiene que abandonar el materialismo y volverse teísta. Luego encontrará los recursos causales para emplear la razón, la lógica, la evidencia y la retórica —todo ello anclado en la realidad trascendente última de Dios. Y no hasta entonces.

Lo más triste es todo el extravío en que han caído los jóvenes. ¿A cuántos no se les han contado estos cuentos en la escuela? Quizá fue el Hombre de Java (si se está rondando los sesenta), o una de las historias de portada de Louis Leakey en National Geographic (si se está en los cuarenta o cincuenta), o el Orrorin, Kenyanthropus, Toumai, Lucy o cualquiera de los cuentos más modernos. Las interpretaciones artísticas son muy engañosas. Tim White no puede realmente saber cómo era Ardi dada la condición en que se encontraron sus huesos (no se deben olvidar sus manifestaciones de 2003). Los artistas toman los fragmentos y resaltan algunos rasgos y minimizan otros para comunicar el mensaje deseado de que este fósil tiene algo que ver con nuestro origen. El cabello, los tejidos blandos y las expresiones faciales son, todo ello, producto de la imaginación. National Geographic ha sido de los más notorios manipuladores en esta cuestión. Y las gráficas que hacen, situando cada fósil en una línea cronológica artificial y con puntos de conexión entre ellos, son igual de injustificables. No se debe confiar en nada de ello (p. ej., 05/03/2004). Todo este montaje es un castillo de naipes que se derrumba cada vez que se añade otro naipe. Es alarmante examinar los viejos libros de texto y los números atrasados de National Geographic y constatar la magnitud de las revisiones realizadas. La paleoantropología no está convergiendo hacia una narrativa progresiva con una mejora constante y con una nitidez creciente. Lo que da es una constante endecha de «este descubrimiento anula todas las anteriores perspectivas». Y las endechas, aunque se hagan con todo el colorido del mundo, no sirven de ayuda.


Fuente: Creation·Evolution Headlines - Step Aside Lucy; It’s Ardi Time 02/10/2009
Redacción: David Coppedge © 2009 Creation Safaris -
www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 -
www.sedin.org

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