martes, 13 de abril de 2010

¿Otro fósil «antecesor de los humanos»?

8 abril 2010 — Permítame presentarle al Australopithecus sediba – ¿o quizá es el Homo fulanus? Hay un sector de científicos que están ahora discutiendo entre sí acerca de cómo clasificar unos nuevos fósiles descubiertos en una cueva en Malapa, Sudáfrica. Anunciados hoy en Science,1 los fósiles, que se afirma que tienen una edad de poco menos de 2 millones de años, están suscitando una extraña mezcla de esperanzados titulares y de consejos de cautela por parte de expertos.

Australopithecus sediba — Cráneo del holotipo. Crédito de la imagen: Phiston

Como era de esperar, los titulares en la prensa popular incitan a sus lectores con tentadores estímulos: «Esqueletos fósiles de un posible antecesor humano», escribía Charles Q. Choi para Live Science. Ker Than escribía este titular para National Geographic: «Se descubre un antecesor humano ”clave”: Unos fósiles ¿conectan a los simios con los primeros humanos?» Por su parte, Jeff Hecht anunciaba para New Scientist: «Casi humano: se descubre el más cercano primate australopiticino [sic]». Y cualquier cosa que pudiera complacer a Darwin tiene que incluir el eslogan de «arrojar luz»: El largo titular de Science Daily proclamaba: «Un nuevo homínido comparte rasgos con la especie Homo: Un hallazgo fósil arroja luz sobre la transición al género Homo a partir de los homínidos más primitivos». Fiel a su tradición, PhysOrg exhibía obediente la icónica imagen del progreso desde los simios hasta los hombres, completándola con unos rasgos racistas en los colores de la piel y con exhibiciones sexistas únicamente de machos desnudos, con las piernas o brazos derechos ocultando artísticamente sus partes pudendas. Sin embargo, no queda muy claro porqué dejaron al hombre más evolucionado sin barba, a no ser que este gráfico sea lamarckiano, pero entonces lo que falta es un buen indicio de obesidad ...

Sin embargo, un examen detenido de estos artículos revela una gran cantidad de dudas acerca de muchos aspectos de la narrativa:

  • Taxonomía: Los expertos diferían enérgicamente acerca de si estos especímenes debían clasificarse dentro de Australopithecus u Homo. Si se hubiera clasificado dentro de Homo, habría representado un linaje de vía muerta sin consecuencia para la evolución humana. Parece haberse dado una fuerte polémica entre los descubridores y otros expertos acerca de qué taxón emplear.
  • Rasgos: El esqueleto parece exhibir un mosaico de rasgos: extremidades largas y una pequeña capacidad cerebral, pero indicaciones de una postura erguida y dientes de apariencia humana.
  • Procedencia: Los expertos estaban en desacuerdo acerca de si los huesos estaban enterrados juntos, o si cayeron a otros niveles después de su enterramiento.
  • Datación: La datación depende de la procedencia, pero se realizó una medición de materiales por debajo de los huesos mediante datación U-Pb. La asignación de una fecha es crítica para los evolucionistas para su percepción de la relación del espécimen con el linaje humano.
  • Esperanza: Nadie está afirmando que estos fósiles clarifiquen ninguna narrativa de una evolución humana. Esperanzas de que pudiera resultar así se ponen en tiempo futuro: «Esta nueva especie de Australopithecus sediba podría llegar a clarificar este debate, y ayudar a revelar nuestros antecesores humanos directos».
  • Credibilidad: Lee Berger, el principal autor del artículo, ha estado involucrado en duras polémicas con otros paleoantropólogos acerca de qué homínidos son representativos de antecesores humanos. Michael Balter escribía así para Science:2 «Algunas de las otras afirmaciones pasadas de Berger han desencadenado fuertes críticas, incluyendo un informe sumamente propagandizado en 2008 de humanos diminutos en Palau, que Berger creía que podrían arrojar luz sobre los pequeños hobbits de Indonesia. Pero otros investigadores dicen que los huesos de Palau pertenecen a una población humana moderna de dimensiones normales». Berger dio a este nuevo fósil un nombre sugestivo: sediba es un término local para «manantial» —como si su descubrimiento pudiera adquirir sentido sencillamente por designarlo de esta manera.
  • Candidatura: El titular de Michael Balter en Science que acompaña al artículo es más cauto que en la prensa popular: «Candidato a antecesor humano procedente de Sudáfrica provoca elogios y debate».
  • Disputa: Balter citaba la opinión de Tim White: «Dada su edad tardía y su anatomía de grado Australopithecus, contribuye poco a nuestro conocimiento del origen del género Homo».
  • Enterramiento: Las hipótesis de los autores acerca de cómo los huesos quedaron enterrados contienen muchos elementos ad-hoc (véase más abajo).
  • Secuencia: Balter consideraba la opinión de Chris Stringer del Museo de Londres de Historia Natural con este resumen: «No más antiguo que 2 millones de años, A. sediba es más reciente que fósiles de apariencia Homo en otros lugares en África, como un maxilar superior de Etiopía y un maxilar inferior de Malawi, ambos datados en alrededor de 2,3 millones de años».
  • Deflación: Hasta Lee Berger, el descubridor, hace esta admisión: «Berger y sus colaboradores reconocen que los fósiles mismos de Malapa no pueden ser antecesores de Homo, pero sugieren que A. sediba pudiera haber surgido algo antes, y que los homininos de Malapa serían miembros supervivientes tardíos de la especie».
  • Significado: Todo lo que Balter podía decir para concluir es un ejemplo de confusión: «se clasifiquen como se clasifiquen, los descubrimientos de Malapa “son importantes especímenes en la conversación” sobre el origen de nuestro género, dice [Susan] Antón [Universidad de Nueva York], y “se tendrán que considerar en la solución”.» Esta declaración implica que las conversaciones no incluyen soluciones —sólo preguntas.

Un segundo artículo que acompañaba al anuncio del descubrimiento consideraba el contexto geológico de los fósiles.3 Defiende una hipótesis de que los esqueletos fueron enterrados por un corrimiento de tierras en la cueva antes que los carroñeros pudieran acabar con ellos. Pero otros no están tan seguros: «El geoquímico Henry Schwarcz de la Universidad McMaster en Hamilton, Canadá, observa que el equipo sugiere que los cuerpos de los homininos pudieran haber sido desplazados por corrientes fluviales después de caer dentro de la cueva desde orificios en la tierra más arriba», explicaba Michael Balter. «En tal caso, los fósiles podrían no estar estrechamente asociados con los depósitos datados por debajo y por encima de los mismos». Dirks et al ponen esto en tela de juicio, y llaman la atención a que «los cuerpos estaban parcialmente articulados entre sí, lo que implica que quedaron enterrados poco después de morir». Sin embargo, mucha de la interpretación depende de la datación de los sedimentos por encima y por debajo de los huesos. La hipótesis del artículo incluye muchos elementos ad-hoc: hubo carnívoros atraídos a pozos verticales donde animales de presa habían caído y muerto: «Estos factores pudieron haber operado para acumular un diverso conjunto de cadáveres en la cámara inferior, lejos de la actividad de los carnívoros», especulaban los autores. «Los sedimentos implican que una posterior entrada de un gran volumen de agua, quizá resultado de una gran tormenta, causó un movimiento de tierras que transportó los cuerpos todavía parcialmente articulados a mayor profundidad dentro de la cueva, para depositarlos junto a una corriente subterránea». Parece que esta compleja secuencia de sucesos casuales ofuscaría cualquier posible conclusión respecto a datación.

Actualización 09/04/2010: Como es tradicional, no han tardado en surgir voces en contra. «Por favor, ¡no otra vez!», se lamentaba Carl Zimmer en Slate, recordando el bombo acerca de Ida el año pasado. Zimmer acepta la evolución, pero niega (con Berger) que el término «eslabón perdido» tenga validez alguna. En cuanto a este fósil, decía: «Ninguno de los expertos con quienes he hablado esta semana estaban dispuestos a aceptar la hipótesis de Berger acerca del puesto especial de A. sediba’s en el árbol de los homininos». «En realidad podría pertenecer a una rama diferente de la evolución de los homininos, Podría haber evolucionado sus rasgos tipo Homo con independencia de nuestros propios antecesores». Así, parece que su capacidad de iluminar mucho de nada acerca de la historia de la humanidad es más que dudosa. Zimmer citaba a Daniel Lieberman de Harvard admitiendo: «El origen del género Homo permanece tan turbio como siempre».

Y en medio de todo esto, Nature News intervenía para expresarse acerca de la relevancia (o falta de ella) de este fósil. «Las afirmaciones acerca de “un antecesor humano” desatan el escándalo», decía Michael Cherry en el titular: «la sugerencia de los investigadores de que los fósiles representan una especie de transición en la evolución humana, situado entre el Australopithecus y la especie Homo, ha sido objeto de críticas por parte de otros investigadores como una exageración». Tim White (Universidad de California, Berkeley) se manifestó con especial dureza. Decía White que la pretensión del equipo de Berger de que estos esqueletos tuvieran algo que ver con la aparición de Homo es «una especulación exenta de fósiles», añadiendo, con sobretonos referidos al caso Ida: «la obsesión con Homo en su título y texto es difícil de comprender fuera de un contexto de comunicación de masas». Luego decía que los huesos podían representar simplemente una variación dentro de otra especie conocida. Añadía la observación de que el esqueleto más antiguo de Homo predata este hallazgo por medio millón de años. Berger respondía que los fósiles más antiguos son menos completos. Un partidario de la clasificación de Berger puede haber recibido más de lo que había dado al decir: «Los especímenes de Malapa volverán a encender el debate acerca de la validez del taxón Homo habilis, y nos hará contemplar con más cuidado la variabilidad del Australopithecus africanus y de sus especies hermanas.» Cherry acababa su artículo sin un acento de duda: «los últimos descubrimientos suscitan importantes interrogantes acerca del linaje humano». Esta declaración suscita la posibilidad de que el fósil de Berger constituya un paso atrás en el conocimiento.


1. Berger et al, «Australopithecus sediba: A New Species of Homo-Like Australopith from South Africa», Science, 9 abril 2010: Vol. 328. no. 5975, pp. 195-204, DOI: 10.1126/science.1184944.

2. Michael Balter, «Candidate Human Ancestor From South Africa Sparks Praise and Debate», Science, 9 abril 2010: Vol. 328. no. 5975, pp. 154-155, DOI: 10.1126/science.328.5975.154.

3. Dirks et al, «Geological Setting and Age of Australopithecus sediba from Southern Africa», Science, 9 abril 2010: Vol. 328. no. 5975, pp. 205-208, DOI: 10.1126/science.1184950.

Si los narradores no pueden concordar acerca de su propio cuento, ¿por qué debería la audiencia considerar su actuación como una clase de historia en lugar de una comedia? Los huesos son reales; las interpretaciones son sumamente cuestionables y falibles. Con toda probabilidad lo que aquí tenemos es otro simio extinto de entre tantos simios extintos que vivieron no hace tanto tiempo. Los imaginativos paleoantropólogos darwinistas están anhelantes de adivinar atributos humanos en cualquier tipo de huesos que encuentren. Luchan y se pelean sobre dónde estos huesos pertenecen en su imagen mental de cómo los filósofos emergieron a partir de monos chillones en los árboles. ¿Qué caso se les puede hacer? Ya hemos visto este show muchas veces, y sabemos el final. Alguien aparecerá en el escenario con otro hueso, y anunciará: «Todo lo que sabías está equivocado» (véase 23/02/2001, 19/02/2004 —en inglés).


Fuente: Creation·Evolution HeadlinesAnother Fossil “Human Ancestor” Claimed 8/04/2010 Redacción: David Coppedge © 2010 Creation Safaris - www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2010 - www.sedin.org

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