sábado, 29 de enero de 2011

Se ha logrado recuperar proteína de la sangre de dinosaurios — ¿80 millones de años?

30 abril 2009 — Ahora ya es oficial: se han recuperado tejidos blandos, incluyendo proteínas de vasos sanguíneos y estructuras parecidas a células, procedentes de huesos de dinosaurios. La asombrosa comunicación de Mary Schweitzer en 2005 (véanse nuestra entrada de 29/7/2008 y la información en inglés de 24/03/2005) fue posteriormente puesta en tela de juicio atribuyéndose a una posible contaminación a partir de biofilms (31/7/2008). Ahora, Schweitzer y su equipo tomaron unas precauciones excepcionales para evitar la contaminación excavando huesos de hadrosaurio de arenisca a la que se asignan 80 millones de años de antigüedad. El 30 de abril pasado aparecieron en New Scientist una breve descripción de sus resultados, y una fotografía del tejido. El artículo apareció poco después en el número de 1 de mayo de Science.1 Un comunicado de prensa de la institución de Schweitzer, North Carolina State University, dice que la preservación del tejido blando en este fósil de hadrosáurido, era incluso mejor que la del material procedente del hueso de T. rex analizado en 2005.

«Góbulos» rojos de hadrosaurio rodeados de una matriz
fibrosa blanca (Imagen por Mary H. Schweitzer)


Robert F. Service comentaba acerca de este descubrimiento en el mismo número de Science.2 Se manifestaba con cierta cautela, poniendo la palabra «proteína» entre comillas en su título, pero luego decía lo siguiente:

Un polémico descubrimiento de que se pueden recuperar fragmentos de proteína de fósiles de dinosaurios se ha reproducido por primera vez. Hace dos años, Mary Schweitzer, una paleontólogo en North Carolina State University en Raleigh, junto con sus colaboradores, dejaron aturdida a la comunidad paleontológica cuando informaron que habían descubierto fragmentos intactos de proteína en un Tyrannosaurus rex que había muerto hacía 68 millones de años. Esta afirmación ha persistido envuelta de polémica, porque normalmente las proteínas de los tejidos se degradan rápidamente después que un animal muere. Pero en la página 626, Schweitzer y sus colaboradores comunican el descubrimiento de una cantidad aún mayor de fragmentos de proteína a partir de un fósil de 80 millones de años procedentes de un dinosaurio con pico de pato, o hadrosaurio, conocido como Brachylophosaurus canadensis.

«Esto o bien quedará en nada, o bien la mayor revolución que jamás se haya visto en paleontología», dice Tom Kaye, un paleontólogo en el Museo Burke en Seattle, Washington, y un crítico del estudio original sobre el T. rex.

Service seguía diciendo que «el colágeno, la principal proteína en el tejido conectivo, raramente se encuentra en fósiles de más de unos pocos cientos de miles de años». Si tomamos cinco como representativo de «pocos cientos», esto significa que este descubrimiento nos exigiría que creamos que ha durado 160 veces más.

En respuesta a las críticas contra el artículo de 2005, el equipo de Schweitzer adoptó precauciones extraordinarias en la extracción y análisis del espécimen. Usaron instrumentos esterilizados para extraer las muestras de los huesos y las trasladaron rápidamente al laboratorio en jarros herméticamente cerrados. Dos grupos independientes procedieron a analizar las muestras. «Después, ambos grupos realizaron de forma independiente estudios bioquímicos y de ligado de anticuerpos que daban pruebas de colágeno así como de laminina y elastina, dos proteínas que se encuentran en vasos sanguíneos», según comunicaba Service. Además, dos equipos independientes usaron mejores métodos de espectrometría de masas, y ambos confirmaron la presencia de colágeno. Uno de los especialistas, John Asara, de la Facultad de Medicina de Harvard, dijo: «Esto demuestra que el primer estudio no fue una maravilla aislada».

¿Y qué dirán los críticos, ahora? Service acababa citando a Martin McIntosh del Centro de Investigación Oncológica Fred Hutchinson en Seattle, un crítico del primer estudio. McIntosh parecía incómodo acerca de las implicaciones. «No estoy diciendo que sea cierto», decía, aferrándose a la esperanza de alguna explicación alternativa. «Pero ahora mismo no puedo presentar un argumento creíble de que no sea cierto». Y añadía: «Se está cerrando la puerta a las alternativas verosímiles».

El artículo original documentaba primariamente los detalles de la extracción y del análisis. Chris Organ (Harvard) realizó también un análisis filogenético, indicando que había suficiente material primario para realizar comparaciones. A pesar de la confianza expresada en el comunicado de prensa de que las proteínas evidenciaban un vínculo con las aves, los datos presentados en el artículo eran más ambiguos y exigieron una cierta manipulación para producir un árbol.3 Esto, sin embargo, es lo que parecía resaltarse en Science, diciéndose en el resumen que «El análisis de tejidos bien preservados procedentes de un hadrosaurio de 80 millones de años apoya la relación dinosaurios-aves». Science Daily también lo presentaba desde este ángulo.

Y así es cómo el artículo original concluía su anuncio de resultados replicados que demuestran que el material es endógeno (original procedente del hueso). Con una apropiada cautela científica, daban una lista de los datos que llevaban a la confirmación de la hipótesis de que los fragmentos de proteína habían formado parte en el pasado de un dinosaurio vivo:

La hipótesis de que proteínas endógenas pueden persistir a través del tiempo geológico, como se comunicó en primer lugar acerca de T. rex (MOR 1125), se enfrentó a un justificado escepticismo. Sin embargo, la inclusión de adicionales datos de secuencias procedentes de reptiles existentes y de B. canadensis da fuerza a la hipótesis de que la señal molecular queda preservada al menos hasta el Cretáceo superior.

Las diferencias submicrónicas en textura (Fig. 1 y fig. S1), la diferenciación elemental, las inclusiones sub-«celulares» en osteocitos y vasos, la identificación de la modificación de Pro-OH postranslacional no producida por microbios, el ligado diferencial de anticuerpos mediante estudios tanto in situ como por técnica de inmunoblot, las secuencias de proteína de colágeno y los análisis filogenéticos no respaldan un origen microbiano ni para estas microestructuras ni para los fragmentos de péptidos. Junto con datos de reticulación y modificaciones químicas inusuales, la congruencia de los datos respalda con fuerza un origen endógeno de este material. La explicación más parsimoniosa, hasta ahora no falsada, es que las moléculas originales persisten en algunos fósiles de dinosaurios del Cretáceo. Todavía se desconocen los procesos químicos subyacentes a tal preservación.

El artículo incluye también fotografías de estructuras que se parecen a células. Mientras que los autores tienen la cautela de no designarlas como células, desde luego que parecen verdaderas células. Emplearon diversas líneas de datos para excluir la contaminación bacteriana.4 Esto indica que la proteína estudiada mediante espectrometría de masas no quedaba limitada a fragmentos aislados, sino que había quedado retenida en estructuras celulares originales. ¿De veras que estas células tienen 80 millones de años?


1. Schweitzer, Zheng, Organ, Avci, Sui, Freimark, Lebleu, Duncan, Vander Heiden, Neveu, Lane, Cottrell, Horner, Cantley, Kalluri and Asara, «Biomolecular Characterization and Protein Sequences of the Campanian Hadrosaur B. canadensis», Science, 1 mayo 2009: Vol. 324. no. 5927, pp. 626-631, DOI: 10.1126/science.1165069c.

2. Robert F. Service, «Paleontology: “Protein” in 80-Million-Year-Old Fossil Bolsters Controversial T. rex Claim», Science, 1 mayo 2009: Vol. 324. no. 5927, p. 578, DOI: 10.1126/science.324_578.

3. Extracto de (1): «Bajo un criterio de mayoría para la construcción de un árbol de consenso, el superorden Dinosauria (el grupo que contiene los dos dinosaurios extintos y las dos aves) se colapsó a una politomía de tres vías. Quitando el T. rex de la filogenia dio como resultado también una politomía de tres vías. La cantidad de datos ausentes en las secuencias de B. canadensis y de T. rex en relación con las muestras existentes resultaron en una resolución relativamente baja dentro de los Dinosauria, pero incluso así, la relación filogenética de las secuencias recuperadas del B. canadensis da soporte al emplazamiento de la especie dentro de Archosauria, más cerca de las aves que el caimán. Sin embargo, sobre la base de análisis morfológicos bien establecidos, predecimos que T. rex está más estrechamente relacionado con las aves de lo que lo está con el hadrosaurio ornitópodo B. canadensis. A pesar de la ambigüedad dentro del superorden Dinosauria, una evidente señal filogenética reside dentro de las secuencias recuperadas de colágeno, dando soporte a la endogenidad (fig. S11)».

4. «Se encontraron “glóbulos” rojos ovoides con largos filipodios, de morfología similar a la de los actuales osteocitos, incorporados en o asociados con una matriz blanca (Fig. 1J y fig. S1) o vasos (Fig. 1H). En algunos casos, los mismos estaban unidos por sus filipodios a células adyacentes (Fig. 1J, recuadro), y formaban un sistema de red en el hueso existente. Las células contienen microestructuras internas que sugieren la presencia de núcleos. Los filipodios rojos se extienden desde los cuerpos de las células hacia el interior de la matriz blanca fibrosa (Fig. 1J y fig. S1), lo que refleja diferencias químicas originales a niveles submicrónicos entre las células y la matriz y es inconsecuente con una invasión microbiana reciente (7). Bajo FESEM (10), los osteocitos y filipodios del B. canadensis (Fig. 1K) son semejantes en morfología, textura superficial y tamaño con los osteocitos de avestruces actuales aislados de cultivos de hueso (Fig. 1L) (1, 2, 13, 14).»

Para que con esto se cierra el caso. No hay modo alguno en que esta proteína de la sangre pueda tener 80 millones de años. Los evolucionistas dicen que es así porque no pueden soportar el pensamiento de dinosaurios recientes, lo que llevaría a que su escenario de millones y millones de años se derrumbase estrepitosamente. Sin los millones de años, el darwinismo pierde su cortina de humo aparentemente protectora, y queda sin este espejismo que sólo en apariencia le da soporte.

Observemos que no son creacionistas los que hacen estos anuncios, sino un equipo secular de investigación y fuentes de información seculares denodadamente anticreacionistas. Este anunció, combinado con otros que el lector podrá encontrar bajo la etiqueta de metodos de datación y el reciente artículo sobre catastrofismo en geología, lleva a la conciencia de que dos siglos de echar dudas sobre la cronología bíblica están tocando a su fin.


Fuente: Creation·Evolution Headlines - Dinosaur Blood Protein, Cells Recovered 30/04/2009
Redacción: David Coppedge © 2009 Creation Safaris - www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 - www.sedin.org Usado con permiso del traductor para: www.culturacristiana.org


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