martes, 1 de marzo de 2011

Neodarwinismo, distinguiendo ciencia y filosofía



Si bien el debate entre creación y evolución se ha dado mayoritariamente en USA, gradualmente ha ido encontrando espacio en nuestros países latinoamericanos, por lo que creo se hace cada vez más necesario afrontarlo desde una perspectiva seria, intelectualmente honesta, y sin caer en extremismos que no dejan espacio para la reflexión integradora en cuanto al diálogo ciencia-religión. En lo personal creo que el primer paso para configurar buena alternativa, es comprender correctamente la evolución darwinista y su real alcance explicativo, de tal forma que nos permita distinguir de manera adecuada la teoría científica propiamente tal, de sus diversas interpretaciones filosóficas. Esto obedece principalmente al hecho de que hoy, prácticamente todas las posturas fundamentalistas se formulan sobre la base de evidentes malos entendidos y distorsiones de la teoría científica.

El neodarwinismo, como todo paradigma científico, consiste en una variedad de teorías, mecanismos y explicaciones. No obstante, básicamente son dos las nociones conceptuales que se transforman en el foco de la polémica, debido a que por lo general se prestan para extrapolaciones que escapan de los límites de la ciencia. Me refiero al azar y la selección natural, conceptos que quisiera exponer y analizar a continuación, de manera muy breve.

Cuando en ciencias catalogamos un determinando evento de "azaroso", esencialmente nos referimos a nuestra incapacidad de predecir un estado final sobre la base de condiciones iniciales conocidas. En el contexto de la biología evolutiva se encuentra estrechamente relacionado con las mutaciones genéticas en el ADN, las cuales parecieran no favorecer ninguna característica fisiológica en particular. Ahora bien, y considerando únicamente el hecho científico ¿es válido concluir que dichas mutaciones son el resultado de fuerzas sin propósito, y el que estemos aquí solo es producto de una feliz casualidad? por supuesto que No. Es claro que la naturaleza de la causalidad es un debate metafísico, por lo tanto la postura que tomemos debe realizarse sobre la base de consideraciones filosóficas. No basta solamente con invocar las teorías científicas que todos ya conocemos. Lo singular aquí, es que si nos atenemos de manera adecuada a la discusión filosófica, el teísmo resulta ser aplastante por sobre el ateísmo. ¿Cómo es posible hablar de fuerzas sin propósito, cuando las propias mutaciones están claramente constreñidas por las diferentes leyes físicas? El azar en el contexto de las variaciones genéticas operan bajo determinados límites, los cuales han sido diseñados por el Creador. De hecho, si las mutaciones genéticas realmente fueran producto del azar ciego y sin sentido, no habría forma de que constituyeran mecanismos científicamente descriptibles e inteligibles. John Polkinghorne, físico y teólogo de Cambridge declara al respecto: "La necesidad, expresada en la ley científica, es el suelo regular de la posibilidad. El azar, en este contexto, es el medio para la exploración y realización de una inherente posibilidad a través de circunstancias individuales en continuo cambio".

La selección natural también no ha logrado escapar de las pretensiones ideológicas por parte de algunos sectores. Desde el punto de vista científico, este mecanismo consiste básicamente en las presiones selectivas que ejerce el medio ambiente sobre un organismo. Debido a que las mutaciones genéticas iniciales pueden ayudar u obstaculizar la reproducción de una determinada especie, la selección natural se traduce en una especie de filtro biológico; de allí a que algunos se refieran a este mecanismo como "la supervivencia del más apto". Aquí nuevamente surge una pregunta crucial: ¿ésto implica, y como en reiteradas ocasiones lo ha señalado el biólogo ateo Richard Dawkins, que el hombre sólo sea una mera máquina de supervivencia genética? la respuesta nuevamente es No. La ciencia es incapaz de proporcionarnos explicaciones completas del ser humano, ya que debido a sus múltiples propiedades emergentes, trasciende a lo puramente natural. La biología evolutiva por ejemplo, nos da muy buenas descripciones del llamado altruismo de parentesco y del altruismo recíproco; no obstante es evidente que el comportamiento humano sobrepasa todas las explicaciones evolutivas. No existe ninguna otra especie capaz de ayudar a un desconocido, sin esperar recibir nada a cambio, ni mucho menos tener consciencia de aquello es algo realmente bueno. Bastante conocido es el caso de la eugenesia, ideología que defiende el uso de prácticas externas -una supuesta selección natural- para "mejorar" la composición genética de una determinada población social. La ciencia es completamente incapaz de enfrentar abusos de este tipo, y precisamente allí es cuando se hace necesario recurrir a las humanidades y a nuestra más profunda consciencia moral. Invocar a la selección natural con el objeto de reducir la persona al puro aspecto biológico es algo totalmente injustificado y acrítico, ya que aparte de sobrepasar los límites de la ciencia y sus métodos, pone en peligro nuestra propia humanidad.

Fuente: http://theoskailogos.blogspot.com/

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