martes, 1 de noviembre de 2011

El mito del «ADN basura» en retirada

6 octubre 2011 — La teoría de Charles Darwin de 1859 de que todos los seres vivos descienden de uno o unos pocos antecesores comunes, modificados por procesos carentes de conducción como la selección natural, no llegó a su actual prominencia hasta que se suplementó con la teoría de la herencia de Gregor Mendel después de 1900. Para la década de 1940, los científicos habían identificado el ADN como el portador de los factores hereditarios de Mendel.



Cuando James Watson y Francis Crick resolvieron la estructura del ADN en 1953, Crick formuló el «dogma central» de la biología molecular, que con frecuencia se expresa así: «El ADN hace ARN que hace proteína que nos hace a nosotros». Esto implica que las mutaciones en el ADN codificante de proteína proporcionan la materia prima de la evolución. Pero en la década de 1960 los biólogos descubrieron que alrededor del 98% de nuestro ADN no codifica proteínas. Algunos —incluyendo a Crick— designaron como «basura» al ADN no codificante, y lo atribuyeron a la acumulación de accidentes moleculares a lo largo de la evolución.
Desde mediados de la década de 1990, algunos defensores del evolucionismo darwinista —incluyendo Richard Dawkins, Kenneth R. Miller, Douglas J. Futuyma, Michael Shermer, Francis S. Collins, Philip Kitcher, Jerry A. Coyne y John C. Avise— han argumentado que el «ADN basura» constituye una prueba de evolución darwinista y contra un diseño inteligente. (El diseño inteligente, o DI, es la tesis de que podemos inferir, de datos en la naturaleza, que algunas características del mundo, incluyendo algunas características de los seres vivos, tienen su mejor explicación por una causa inteligente, y no por procesos naturales sin guía deliberada.)
Pero hacia 2007 ya quedaba claro que la mayor parte del genoma de los mamíferos se transcribe a ARN no codificante de proteínas. Por cuanto es de suponer que unos organismos luchando por la supervivencia no invertirían tanta energía en producir basura, esto implicaba que, después de todo, probablemente la mayor parte del ADN no codificante de proteínas no es basura.
Desde entonces, se han descubierto funciones biológicas específicas para muchos ARNs no codificantes de proteínas. Aunque todavía no se han identificado funciones para muchas partes de nuestro genoma, la lista de funciones específicas para el llamado «ADN basura» ya es bien larga, y va creciendo cada semana. La defensa del darwinismo y la crítica del DI sobre la base de que la mayor parte de nuestro genoma es basura deviene un argumento de «Darwin de los huecos» que tiene va retrocediendo con cada nuevo descubrimiento.
Este y otros argumentos son los que presento en mi reciente libro The Myth of Junk DNA [El mito del ADN basura]. Cosa curiosa, no ha habido ninguna respuesta por parte de los autores que critico específicamente en el mismo. En cambio, el 23 de septiembre de 2011 mi libro fue objeto de una reseña de John Farrell para la publicación Huffington Post.

John Farrell comienza impugnando mi credibilidad, y ello sobre dos bases. Primero, escribe él, he «tergiversado» ha historia al afirmar que Mendel «no encontró persuasiva la teoría de Darwin», cuando en realidad, sigue diciendo Farrell, Mendel aceptó «el hecho de la evolución (descendencia con modificación)» y la «teoría de la selección natural [de Darwin] para explicarla». Farrell no proporciona ninguna referencia para documentar estas afirmaciones.

Farrell cita no obstante el libro de Daniel J. Fairbanks (2007), Relics of Eden[Reliquias del Edén], para apoyar su declaración de que Mendel «no sólo había leído El Origen de las Especies, sino que era consciente de la importancia que sus propios estudios sobre los guisantes tenían para la teoría de la evolución». Sí, es cierto que Mendel leyó una traducción alemana de 1863 de El Origen de las Especies de Darwin, y que él comenzó su clásico artículo de 1865, «Experiments in Plant Hybridization [Experimentos en hibridación de plantas]», afirmando que su método experimental podría «ser la única manera por la que podemos llegar de manera definitiva a la solución de una cuestión cuya importancia no puede ser exagerada en relación con la historia de la evolución de las formas orgánicas».

Pero en su copia de El Origen de las Especies, Mendel subrayó enfáticamenteuna declaración de Darwin acerca de hibridación acerca de la que Mendel tenía un desacuerdo fundamental. Y hacia la mitad de su artículo de 1865 Mendel hace la observación de que «nada justicia la suposición» de que en variedades cultivadas «las especies pierden rápidamente toda estabilidad, y que su descendencia diverge en una serie sin fin de formas extremadamente variables». Mendel concluía citando el punto de vista del botánico Karl Friedrich von Gärtner de que las especies son

fijadas con unos límites más allá de los cuales no pueden cambiar. Aunque esta opinión no pueda aceptarse de manera incondicional, encontramos por otra parte en los experimentos de Gärtner una notable confirmación de esta suposición por lo que respecta a la variabilidad de las plantas cultivadas ya expresada.

En segundo lugar, Farrell se manifiesta escandalizado por mi declaración en The Myth of Junk DNA [El mito del ADN basura] de que los biólogos nunca han observado la especiación (el origen de una nueva especie) por selección natural. Y hace referencia a «extensos trabajos realizados en este campo» por dos biólogos, H. Allen Orr y Matthew L. Niemiller.
Pero Orr y Niemiller estudian la genética de especies existentes e intentan encontrar datos que sustenten hipótesis acerca de sus orígenes. Como ya documenté en mi libro de 2006, The Politically Incorrect Guide to Darwinism and Intelligent Design [Guía políticamente incorrecta del darwinismo y del diseño inteligente], no hay nada en la literatura científica que exponga que ni ellos ni nadie haya jamás observado el origen de una especie por selección natural.
En las plantas  que se ha observado el origen de nuevas especies por doblado cromosómico (poliploidía). Pero la especiación por poliploidía no se debe a selección natural (ni a deriva genética, otro proceso mencionado por Farrell), e incluso los biólogos evolutivos reconocen que la poliploidía no resuelve el problema de Darwin.
Según Farrell, «el lector no avanza con inexactitudes», refiriéndose a mis afirmaciones acerca de Mendel y la especiación «tan temprano en el libro». Sin embargo, quien ha caído en inexactitudes es él.
Farrell pasa luego al tema principal de El Mito del ADN basura. Comienza definiendo a los pseudogenes como «duplicaciones ya no funcionales de genes codificantes» —una táctica inteligente, porque la cuestión es la funcionalidad de los pseudogenes. En mi libro describo diversas formas en las que  son funcionales, y poco después que saliera mi libro, un equipo de científicos comunicaba en Proceedings of the National Academy of Sciences USA que los pseudogenes funcionales «podrían ser ubicuos en los organismos eucariotas» (los organismos eucariotas están compuestos por células con núcleos, en contraste con las bacterias, que no tienen núcleos). (Véase también Los pseudogenes son entes funcionales, y bajo la etiqueta pseudogenes.)
Aunque los pseudogenes constituyen una proporción relativamente pequeña del genoma humano (como observo en mi libro), Farrell dice que mi capítulo acerca de los mismos deja al lector «con la engañosa impresión de que los biólogos están bien de camino a encontrar funciones para todo el genoma humano». Naturalmente, mi libro incluye también capítulos acerca de funciones en diversas otras formas de ADN no codificante de proteínas. En todo caso, nunca afirmo que se hayan encontrado funciones para la mayor parte del ADN no codificante de proteínas, aunque, como he expuesto antes, la lista va creciendo cada semana. Es la tendencia, más que el total actual, lo que debería preocupar a cualquier defensor del concepto del ADN basura.
Farrell pasa luego a citar al biólogo evolutivo T. Ryan Gregory, «alrededor de cuyo trabajo sobre el tamaño del genoma Well rodea con mucha cautela». Pero en mi libro abordo el trabajo de Gregory con cierto detalle, incluyendo su conclusión de que la correlación conocida entre el tamaño del genoma y el tamaño de la célula no puede explicarse invocando un ADN basura.
La última tercera parte de la reseña de Farrell se concentra en el pseudogén de la vitamina C, un tema que yo trato en un apéndice porque sólo toca marginalmente al tema del ADN basura. Los defensores del evolucionismo darwinista suponen que, debido a que el pseudogén de la vitamina C no participa en la síntesis de la vitamina C, no realiza ninguna función biológica. Esta suposición puede que sea correcta, pero, considerando el ritmo al que los investigadores están encontrando funciones para otros pseudogenes, es como mucho una suposición dudosa.
De los autores que critico en El Mito del ADN basura, Kenneth R. Miller y Jerry A. Coyne se basan ambos en el pseudogén de la vitamina C como prueba de que humanos y chimpancés descienden de un antecesor común. Miller lo considera también como prueba contra el DI. Sin embargo, la descendencia común es una cuestión distinta del DI, y los proponentes del DI mantienen distintos puntos de vista acerca de la descendencia común.
Farrell me critica por «mi retórica anticientífica y por mis ataques contra científicos [como Miller y Coyne] que han proporcionado algunas de las más ajustadas confirmaciones basadas en la teoría de la evolución». Por ejemplo, yo he criticado a Miller por haber afirmado en 2008 que los gorilas necesitan vitamina C en su dieta —aunque Miller no había publicado ningún dato científico que corroborase tal cosa. Farrell escribe: «Wells puede no haber encontrado ningún dato publicado acerca de la necesidad de vitamina C en la dieta de los gorilas, pero existe», y cita luego un artículo de 1970 de Linus Pauling y un artículo de 1949 de G. H. Bourne. Pero ambos artículos se refieren a los posibles beneficios para la salud humana por una mayor ingesta de vitamina C. Bourne hace referencia a la dieta vegetariana del gorila, rica en vitamina C; Pauling supone que humanos y gorilas descienden de un antecesor común y argumenta que en lugar de una dieta rica en vegetales deberíamos suplementar nuestra dieta con más vitamina C. Ninguno de ambos autores proporciona datos científicos de ninguna clase acerca de cuánta vitamina C necesita un gorila.
«Para concluir», escribe Farrell, «El Mito del ADN basura» no puede recomendarse a nadie que se tome en serio la biología evolutiva», pero proporcionará «racionalizaciones a los creacionistas que aborrecen la descendencia común y que aborrecen la selección natural».
Pero yo no aborrezco la selección natural. No tengo duda alguna acerca de su realidad; pero la teoría de Darwin de que produce nuevas especies carece de datos suficientes. Tampoco aborrezco la descendencia común. No tengo duda alguna de que ocurre dentro de las especies existentes, pero la teoría de Darwin de que todas las especies descienden de uno o de unos pocos antecesores comunes carece también de datos suficientes. Y, en ciencia, lo que realmente importa en último término es los datos.

Fuente: Evolution News – The Receding Myth of "Junk DNA" 6/10/2011
Redacción: © Jonathan Wells - www.evolutionnews.org
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2011 - www.sedin.org Usado con permiso para: www.culturacristiana.org

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