domingo, 4 de diciembre de 2011

¿Que es la libertad?


Por Rousas J. Rushdoony

Las últimas dos décadas han visto una divergencia radical en la doctrina de la libertad. El pensamiento de Jean-Jacques Rousseau y el Marques de Sade están alejados enormemente del pensamiento cristiano. La libertad para ellos era en individualidad, en una radical independencia de Dios y del hombre. Para de Sade requería un desafío de la opinión pública y de la moralidad. El hombre libre “hacia su propia vida” a expensas de los demás y en un total alejamiento de los estándares aceptados. Los estudiantes rebeldes de los ´60, y los escritores de guiones para películas y televisión reflejan esta perspectiva. La libertad en este sentido requiere la rebeldía. A pesar de lo ridículo de la rebeldía los proponentes de esta moderna doctrina de libertad la siguen rigurosamente. En el proceso, la razón es sacrificada en aras de este ideal sin ley y de libertad rebelde. El pasado es visto como una cadena porque ninguna otra cosa sino su anárquica libertad es lo que necesitará este hombre libre.

En contra de esto, la doctrina cristiana de la libertad comienza con el hecho de que el pecado es esclavitud y Cristo nos da libertad por su poder regenerador. La caída (Génesis 3:5) hizo al hombre un pecador y un esclavo por causa de su ilusión malvada de que puede ser su propio dios y saber o determinar por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo, correcto o incorrecto, ley y moralidad. Nuestro Señor nos dice que es por conocerle a Él como Señor y como la verdad que somos libres (Juan 14:6; 8:32-36). Esencial para la doctrina cristiana de la libertad es la premisa de que la libertad es a la manera de Dios, no a la nuestra, y que la Palabra –Ley de Dios es el camino a la libertad cuando somos regenerados. Su acto salvador nos hace libres del pecado, y Su Ley provee el paso a la libertad.

El concepto anticristiano de libertad comenzó con la aseveración del hombre de tratar de asir la libertad sin Dios, no libertad bajo Dios. Ser libres de Dios significa libertad de Su ley. El pecado es antinomianista (anti-Ley) hasta la médula. Requiere una dedicación religiosa al inmoralismo, el cual es visto como libertad cuando en realidad es el camino a la muerte.

Las premisas de Rousseau y de Sade son ahora las premisas de nuestros tribunales de Ley, y el dejarse llevar hacia el positivismo legal ha sido un firme alejamiento de cualquier fundamento religioso y moral de la Ley. Las tecnicidades de la Ley han reemplazado a la justicia como la base de más y más decisiones de las cortes, y de los derechos manufacturados y las autorizaciones inventadas han suplantado a la justicia.

Así, los fundamentos de nuestra civilización están siendo destruidos, y las iglesias, por su modernimos y antinomianismo, están muy a menudo al lado de los enemigos de Cristo. Un aspecto de la revolución creada por Rousseau y de Sade es la adoración de la Naturaleza. Pero esta es otra manera de exaltar la caída del hombre debido a que la naturaleza también ha caído. Europa era un lugar muy diferente antes de que el hombre cristiano comenzara su trabajo redentor, construyendo diques y reclamando al mar en Holanda, y tornando los lugares desérticos en fincas productivas en Francia y en otros lugares.

Estados Unidos también se estaba volviendo una tierra sin uso como resultado de la obra del búfalo puesto que grandes manadas de alrededor de 100.000 bisontes destruían árboles y aplastaban la tierra hasta dejarlas en un montón de polvo suelto. Fueron los pioneros cristianos quienes reclamaron la tierra y la cuidaron abonándola hasta que se tornara productiva. Fue necesario invertir capital para establecerse en el oeste, o, aún más temprano, en el este, debido a que se necesitó tiempo hacer el terreno productivo.

Los hombres libres son trabajadores, productivos y orientados hacia el futuro. Los hombres caídos son esclavos del pecado, y debido a que ellos se ven a sí mismo como dios (Génesis 3:5) ellos gravitan alrededor de respuestas políticas en vez de preferir trabajar. Por medio de sus palabras “creadoras” buscan cómo legislar el bienestar, la riqueza y la libertad cuando en realidad lo que están haciendo es destruyéndola. Así que la pregunta “¿Qué es la libertad” debe ser encarada. No podemos aceptar la respuesta del hombre caído sin destruirnos a nosotros mismos y a la civilización. Sólo si el Hijo del Hombre nos hace libres, seremos verdaderamente libres (Juan 8:36).


1 Tomada de Chalcedon Report, Septiembre 1996


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