La interpretación evolucionista de la religión: ¿Quién se imagina cosas?


26 octubre 2008 — «Los resultados de la psicología cognitiva, neurociencia, antropología cultural y arqueología prometen cambiar nuestros puntos de vista acerca de la religión», anunciaba Pascal Boyer en Nature.1 Su ensayo daba un resumen de estudios que proponen una explicación evolucionista para la propensión humana hacia la religión. «Podemos explorar los supuestos sobre los que están edificadas las religiones, por diversas que sean, y examinar la vinculación entre la religión y los conflictos étnicos», decía. «Finalmente, podemos aventurar una suposición acerca de qué perspectivas realistas tiene el ateísmo.»
Manuscrito del libro de Isaías, conservado en el Santuario del Libro, Jerusalén. Esta copia, encontrada en Qumrán, data de alrededor del año 100 a.C. - Contiene profecías acerca del nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesucristo. La integridad del texto demuestra la fidelidad de copia a lo largo de los siglos. Para más información haga clic AQUÍ.
Boyer entreteje en su artículo explicaciones evolucionistas para diversos rasgos aparentemente comunes a todas las religiones: la creencia en cosas para las que no hay pruebas, rituales, moralidad, metafísica e identidad social. Expone que no hay un lugar concreto en el cerebro que sea «un centro de religiosidad». Más bien, «los pensamientos religiosos parecen ser una propiedad emergente de nuestras capacidades cognitivas normales». Así como el cerebro no fue hecho específicamente para la música, la política, los grupos étnicos y las relaciones familiares, afirma él que la religión es simplemente una respuesta emergente a «superestímulos». «Los conceptos y las actividades de tipo religioso se apropian de nuestros recursos cognitivos, como sucede con la música, el arte plástico, la cocina, la política, las instituciones económicas y la moda». En términos evolutivos, el cerebro evolucionó para que sus capacidades ayudasen a la supervivencia, pero la religión simplemente aprovecha estas facultades cognitivas y las interrelaciona de una manera inesperada. Y prosigue: «La mente tiene una miríada de distintas redes de creenciasque contribuyen a hacer que las afirmaciones religiosas sean bien naturales para muchas personas».
Un argumento fundamental de Boyer es que las personas religiosas hacen suposiciones tácitas de las que nunca se dan cuenta. Pueden ser capaces de describir sus creencias esenciales, «Pero la psicología cognitiva muestra que creencias explícitamente accesibles de esta clase van siempre acompañadas de una multitud de presuposiciones tácitas que generalmente no están disponibles para una inspección consciente». Dice que los detalles de las creencias religiosas pueden diferir, pero que las creencias tácitas subyacentes a todas las religiones son extraordinariamente similares. A su modo de ver, esto solo puede significar que tenemos cerebros con una evolución similar que ejercitan estas presuposiciones tácitas de formas diversas.
Boyer comienza su ensayo con una enumeración de diversas reacciones al estudio científico de la religión:
¿Es la religión un producto de nuestra evolución? La mera pregunta causa sobresalto a muchas personas, religiosas o no, aunque por diferentes razones. Algunas personas de fe temen que lacomprensión de los procesos subyacentes a la creencia pudieran socavarla. Otros se sienten inquietos por que lo que aparezca como parte de nuestra herencia evolutiva se interprete como bueno, necesario o inevitable. Y todavía otros, incluidos muchos científicos, simplemente descartan toda la cuestión, contemplando la religión como un disparate infantil y peligroso.
Estas reacciones hacen difícil establecer por qué y cómo el pensamiento religioso está tan generalizadoen las sociedades humanas —y la comprensión de esto es especialmente relevante en el actual clima de fundamentalismo religioso. Al preguntar si la religión es una de las muchas consecuencias de poseer laclase de cerebros con los que venimos dotados, podemos arrojar luz sobre qué clases de religión«vienen de natural» a las mentes humanas.
Podemos estar seguros que él cree que estas mentes humanas son también productos de la evolución. A lo largo del artículo, Boyer promueve la idea de que los dioses y las creencias no son reales, sino más bien fabricaciones de la psicología cognitiva y social de los humanos y de sus evolucionados cerebros. Afirma que imaginarse seres sobrenaturales puede ser una «manera natural» para que los productos humanos de la evolución procesen información:
Los resultados que se desprenden de este enfoque cognitivo-evolutivo plantean un desafío a dosprincipios fundamentales de la mayoría de las religiones establecidas. Primero, la noción de que su credo particular difiere de todas las otras creencias (supuestamente extraviadas); segundo, que es solo debido a acontecimientos extraordinarios o a la presencia real de agentes sobrenaturales que han tomado cuerpo las ideas religiosas. Al contrario, sabemos ahora que todas las versiones de las religiones se basan en unas presuposiciones tácitas muy semejantes, y que todo lo necesario paraimaginar agentes sobrenaturales es mentes humanas normales que procesan información de lamanera más natural.
En esta idea está implícita la posición de que el ateísmo es una perspectiva más científica del mundo. Sin embargo, su último párrafo da pocas esperanzas de que sus correligionarios ateos consigan establecerse en la cultura: tienen la baraja trucada en contra de ellos.
Parece que alguna forma de pensamiento religioso es la vía de menor esfuerzo para nuestros sistemas cognitivos. En cambio, la incredulidad es generalmente resultado de un esfuerzo deliberado y enérgico en contra de nuestras disposiciones cognitivas naturales —difícilmente la ideología más fácil para propagarse.
Para anotaciones anteriores acerca de la evolución de la religión véase La desvirtuación de la religión mediante la aplicación del criterio evolucionista, y, en inglés, 16/03/20052/02/2006, y 25/09/2006.

1. Pascal Boyer, «Being human: Religion: Bound to believe?», Nature 455, 1038-1039 (23 octubre 2008) | doi:10.1038/4551038a.
Es asombroso cómo personas inteligentes puedan seguir siendo tan ciegas ante sus propios prejuicios después de décadas, mejor aún, después de siglos de filósofos y teólogos y lógicos señalando esta realidad.Nature acaba de publicar otro dentro de una larga serie de ensayos que se refutan a sí mismos. Cualquier persona reflexiva podrá refutar este artículo con una o dos frases.
Por ejemplo: ¿Qué hay en sus cerebros que predispone a los evolucionistas a pesar de esta manera? Observará el lector que se han tornado las tablas. Y esto es justo, porque, para el evolucionista, todos hemos evolucionado igualmente. ¿Con qué criterio puede insistir el evolucionista que sus presuposiciones tácitas son mejores que las de otros? ¿Por el criterio científico? Ni hablar. Solo puede recurrir a esto si es un positivista lógico —otro sistema de creencia que se refuta a sí mismo. Si no se ve esta obviedad, se puede retroceder y leer las ideas de Wolpert en el artículo La ciencia no puede autovalidarse, y el comentario sobre empirismo lógico (o positivismo lógico) en 10/05/2007 antes de proseguir. Si Boyer da por supuesto que la psicología evolutiva tiene carácter científico por poder proponer «predicciones susceptibles de prueba», no sabe lo dudosa que es la lógica del éxito predictivo en la ciencia. Esta es la razón principal por la que Karl Popper rechazó el éxito predictivo como criterio científico, y en su lugar promovió la falsación. (Sin embargo, la falsación fue también rechazada posteriormente como criterio a prueba de fallos.)
Boyer se acerca a reconocer la naturaleza autorrefutante de sus creencias al mencionar a aquellos que «se sienten inquietos por que lo que aparezca como parte de nuestra herencia evolutiva se interprete como bueno, necesario o inevitable». Y esto debería preocuparle. ¿Mediante qué criterio universal podría él decidir que la religión es una propiedad emergente del cerebro, pero que la ciencia no lo es? ¿Y por qué tendría que lamentarse de que el ateísmo es una ideología tan difícil de propagar? Al menos, admite que es una ideología. Pero, ¿a qué norma moral universal puede apelar para decir que la propagación de una cosmovisión atea sería cosa buena? Dice que es posible que la ciencia llegue a descubrir que la religión ha contribuido a la aptitud humana en tiempos antiguos. Entonces, ¿sobre qué base puede decir que se apropió de las capacidades cognitivas humanas? Si produjo aptitud, entonces es un beneficio tan intrínseco para la evolución humana como el cerebro mismo. Y en todo esto, debemos recordar que desde su propio punto de vista su pensamiento no puede ser otra cosa que una actividad neuronal de su cerebro condicionado por sus cargas evolutivas sin más significado que el aparente. Una ilusión más.
El ensayo de Boyer está cargado de otras falacias. Una de ellas es que generaliza todas las religiones, por opuestas que sean, de una manera enormemente simplista: pone al hechicero y al erudito de Oxford en el mismo cajón «fundamentalista», lo que es también otra manera de ridiculizar. Y naturalmente, al exceptuar su propio razonamiento del de los chiflados religiosos, divide el mundo en el nosotros frente a ellos, la falacia dela falsa disyuntiva: esto es, o bien perteneces a las Personas Científicas, o al «Pueblo de la Fe» (sea lo que sea que se signifique con esta caricaturizada categoría). Los estudiosos que ahondar pueden estudiar el campo de las falacias lógicas como suposiciones gratuitasnon-sequiturs, la falacia del post-hoc, el abuso de la evidencia circunstancialel reduccionismola subjetividad y otras falacias. En castellano puede recurrir a una lista resumida de falacias lógicas, así como a dos breves ensayos sobre reduccionismo y naturalismo, uno de C. S. Lewis, y otro de George Roche.
La falacia del uso selectivo de la evidencia es preeminente en este artículo. Boyer ofrece sólo tres respuestas a la idea de que la religión evolucionó: (1) Inquietud de parte de los religionistas de que esto vaya a socavar sus creencias. (2) Inquietud por parte de los evolucionistas de que la religión, si resulta formar parte de nuestro legado evolutivo, sea considerada como «buena, verdadera, necesaria o inevitable». (3) Rechazo por parte de científicos que opinan que la religión es «un disparate infantil y peligroso». ¿Y por qué no consideró la posibilidad de que los teólogos y académicos expertos puedan considerar su teoría evolutiva de la religióncomo un disparate infantil y peligroso? ¿No es lo que acabamos de ilustrar?
Otro ejemplo de su uso selectivo de la evidencia es enumera solo aspectos como rituales, creencias metafísicas, identidad social y códigos morales como rasgos característicos de la religión. ¿Por qué no menciona evidencia —y apologética? Estos aspectos pueden estar ausentes en las religiones cúlticas o ritualistas, pero la Biblia está repleta de referencias históricas que pueden comprobar, y llama a recordar lo que la gente sabía que era cierto en base a evidencia, razón y testigos oculares. Pablo y Pedro afirmaban ser testigos oculares del Cristo resucitado y glorificado y negaron rotundamente estar siguiendo fábulas artificiosas. También advirtieron en contra de seguir fábulas. Si a Boyer le gustan tanto las predicciones, debería considerar la predicción hecha por Pablo en 2 Timoteo 4:4 que en los últimos tiempos la gente «apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas», de los que el evolucionismo es un ejemplo claro, porque la evidencia acerca de Dios es clara por la creación (Romanos 1:18-20). También Pedro predijo la aparición de la creencia en el actualismo uniformista. Predijo que burladores negarían las pruebas de la creación y del diluvio (2 Pedro 3:3-9). ¿Estas predicciones no cuentan? Mejor ser coherente.
Boyer y sus colegas evolucionistas ateos se arrogan la cátedra de la ciencia, pero no tienen suelo donde ponerla: ninguna base científica, filosófica ni probatoria. Se precisa de la base judeocristiana para poder razonar acerca de verdad, moralidad y prueba de manera fundamentada. En cambio, como Yoda, habla ex cátedra desde algún plano exaltado por encima del resto de la humanidad, acusándonos de presuposiciones tácitas a la vez que olvida las suyas propias (véase La ciencia confronta la filosofía — o al revés). Les dice a los demás lo que les mueve, sin comprender que lo que le hace mover a él es un sentimiento de rebelión contra su Creador. No podría abofetear el rostro de su Padre sin primero sentarse en Sus rodillas. Pascal Boyer sacaría provecho de sentarse reposadamente y leer a Blas Pascal.

Fuente: Creation·Evolution Headlines - Evolutionizing Religion: Who’s Assuming What? 23/10/2008
Redacción: David Coppedge © 2008 Creation Safaris - www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2008 - www.sedin.org
Usado con permiso para: www.culturadelcristiano.com

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