lunes, 8 de abril de 2013

La Moral sin Dios


Todo ser humano ha vivido la sensación de cuando le han hecho algún mal o algún bien. Todos somos conscientes de que hay cosas buenas y hay cosas malas. Pero, ¿de dónde sale esto? ¿Cómo somos conscientes de aquello que la ciencia no puede probar? ¿Quién define la moral? ¿De dónde proviene?
Bertrand Arthur William Russell, 3rd Earl Russell (18 May 1872 – 2 February 1970)
Desde siglos pasados hasta nuestros días hemos presenciado como la ley moral ha tratado de ser relativizada. Ahora, lo que antes era malo, se ha convertido en bueno y viceversa. Cuando enfrentamos a las personas para que nos definan qué es la moral y quién impone la ley moral, obtenemos diferentes respuestas. Tal vez respondan como Bertrand Russell; cuando el sacerdote Copleston le preguntó cómo diferenciaba el bien del mal, Russel le respondió:
- “¿Cuál es mi justificación para distinguir entre el azul y el amarillo? Veo que son diferentes.”
- “Bien, es una justificación excelente. Estoy de acuerdo –dijo Copleston-. Usted distingue el azul del amarillo por la vista, así que ¿con que facultad distingue el bien del mal?”
- “Con mis sentimientos” –dijo Russell.
Si esto es así, volvemos la moral relativa. Si es relativa, ¿por qué imponer la ley moral sobre los demás? ¿Por qué juzgar a personas que hacen un “mal” a nuestro entender pero para ellos es un “bien”? Puedo mencionar varios ejemplos: el Marqués de Sade disfrutaba torturar mujeres; para él la felicidad se encontraba en torturarlas… ¿significa esto que el Marqués de Sade estaba haciendo algo malo o bueno? Por otro lado, podemos mencionar a Hitler o Mussolini o incluso Stalin. ¿Fueron sus actos buenos? O ¿son condenables? Ciertamente, desde el punto de vista cristiano, sus actos son condenables y perversos, pero desde el punto de vista ateo y naturalista no lo son (o no deberían).
Sin Dios, la moral no existiría. Es usual ver cómo los naturalistas mal interpretan esta afirmación. Alegan que ellos son seres morales al igual que las demás personas que no creen en Dios. Con lo cual debemos estar de acuerdo. La Biblia NO enseña que las personas son seres morales porque crean en Dios o no, la Biblia nos enseña que las personas son seres morales porque poseen la imagen de Dios en ellos. Sea que crean en Dios o no, el hombre tiene implantado en su corazón lo que es bueno y lo que es malo.
Lo que sucede es que al relativizar la moral perdemos todo tipo de estándar y todo tipo de derecho a juzgar a los demás. Podemos alegar que la ley moral depende de la sociedad, pero la sociedad está compuesta por personas, por lo que al final la moral depende de nosotros. Esto no nos dice nada. Por el contrario, por aceptar la moral como relativa es que han asesinado a miles de millones de niños aun estando en el vientre, por ser relativa es que vemos como al día de hoy se discute el matrimonio homosexual y el uso de las drogas. Al final, haber relativizado la moral es lo que nos ha traído la mayor cantidad de males.
Frederick Charles Copleston (10 April 1907 – 3 February 1994)
Claro, en este momento pueden algunos pensar en países avanzados de Europa donde el mayor porcentaje de estos países son ateos y son más avanzados que aquellos que profesan una religión. Un caso famoso es el de Suecia. Más del 70% de la población dice ser atea o no creer en ningún Dios. Pero resulta que su avance no tiene nada que ver con su religión, sino con las leyes impuestas por el gobierno. Pero, también resulta que en Suecia han aumentado los índices de tráfico de mujeres, así como la bestialidad (o zoofilia), donde incluso los agentes veterinarios indican que los animales han sido abusados sexualmente. ¡Qué país tan avanzado! Así existen otros casos pero al final, podemos ver países como Suecia, Suiza, Japón y Francia hacen parte de la lista de países con el mayor índice de suicidio.
Por otro lado, si aceptamos que existe el bien y el mal, y creemos que los mismos son absolutos, ¿Cómo podemos aceptar que Dios no existe? Si aceptamos que existe el bien y el mal, aceptamos una ley moral la cual nos permite distinguir el bien y el mal. Por lo tanto, tiene que haber un parámetro que determine qué es el bien y qué es el mal. Si suponemos que existe este parámetro, no podemos alegar que es relativo o que fue el hombre que lo creó (por las razones antes mencionadas). Debe existir un origen o una fuente de donde surge esta ley moral. Pero es precisamente a este Dador de la ley moral, a esta fuente, a quien los ateos y naturalistas desean negar (sin éxito).
Como nos dice Ravi Zacharias:
“El valor trascendente tiene que provenir de una persona de valor trascendente. Pero en un mundo donde solo existe la materia, no puede haber valor intrínseco.”[1]
¿Qué tenemos aquí?
Tenemos a un mundo sumergido en contradicciones y confusiones, en necesidad del Evangelio. El Evangelio (Dios, la Biblia y Jesús) provee las verdades absolutas en materia de la moral y de fe. Nos enseña de manera precisa ese estándar. La Biblia nos enseña varias cosas al respecto:
“¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” Isaías 5:20
Esto ya lo estamos viviendo.
“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: MAS EL JUSTO POR LA FE VIVIRA…porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.” Romanos 1:17, 19-20
Si no son los sentimientos quienes determinan la moral, ¿es entonces la razón? Kai Nielsen, un filósofo canadiense, en defensa del ateísmo escribe:
“La razón no es la que decide aquí. La imagen que les pinté no es agradable. Me deprime reflexionar en ella. La razón puramente práctica, aun conociendo muy bien los hechos, no te lleva a la moral.”[2]
No, la ley moral no es relativa. Tampoco es dependiente de alguien o de los deseos de la sociedad. La ley moral es absoluta porque proviene de Dios.
Es el cristianismo que enseña que toda vida tiene valor. En el secularismo, el ateo y el naturalista seleccionan valores en particular a su preferencia. Esto no ocurre así en el cristianismo. Dios puso en nuestros corazones el entender la ley moral impuesta por El. El pecado y nuestra maldad distorsionan este entendimiento y es por esto que hoy llaman a lo bueno malo y a lo malo bueno (como dice Isaías). ¡Estudiemos más de cerca la Biblia y veamos cómo Dios habla las verdades absolutas en un mundo sumergido en el engaño!

[1] Ravi Zacharias, El fin de la Razón, Florida: Editorial Vida, 2009. p.57
[2] Kai Nielsen, “Why should I be moral?” [¿Por qué debo ser moral?], American philosophical quarterly 21 (1984), p.90Todo ser humano ha vivido la sensación de cuando le han hecho algún mal o algún bien. Todos somos conscientes de que hay cosas buenas y hay cosas malas. Pero, ¿de dónde sale esto? ¿Cómo somos conscientes de aquello que la ciencia no puede probar? ¿Quién define la moral? ¿De dónde proviene?
Bertrand Arthur William Russell, 3rd Earl Russell (18 May 1872 – 2 February 1970)
Desde siglos pasados hasta nuestros días hemos presenciado como la ley moral ha tratado de ser relativizada. Ahora, lo que antes era malo, se ha convertido en bueno y viceversa. Cuando enfrentamos a las personas para que nos definan qué es la moral y quién impone la ley moral, obtenemos diferentes respuestas. Tal vez respondan como Bertrand Russell; cuando el sacerdote Copleston le preguntó cómo diferenciaba el bien del mal, Russel le respondió:
- “¿Cuál es mi justificación para distinguir entre el azul y el amarillo? Veo que son diferentes.”
- “Bien, es una justificación excelente. Estoy de acuerdo –dijo Copleston-. Usted distingue el azul del amarillo por la vista, así que ¿con que facultad distingue el bien del mal?”
- “Con mis sentimientos” –dijo Russell.
Si esto es así, volvemos la moral relativa. Si es relativa, ¿por qué imponer la ley moral sobre los demás? ¿Por qué juzgar a personas que hacen un “mal” a nuestro entender pero para ellos es un “bien”? Puedo mencionar varios ejemplos: el Marqués de Sade disfrutaba torturar mujeres; para él la felicidad se encontraba en torturarlas… ¿significa esto que el Marqués de Sade estaba haciendo algo malo o bueno? Por otro lado, podemos mencionar a Hitler o Mussolini o incluso Stalin. ¿Fueron sus actos buenos? O ¿son condenables? Ciertamente, desde el punto de vista cristiano, sus actos son condenables y perversos, pero desde el punto de vista ateo y naturalista no lo son (o no deberían).
Sin Dios, la moral no existiría. Es usual ver cómo los naturalistas mal interpretan esta afirmación. Alegan que ellos son seres morales al igual que las demás personas que no creen en Dios. Con lo cual debemos estar de acuerdo. La Biblia NO enseña que las personas son seres morales porque crean en Dios o no, la Biblia nos enseña que las personas son seres morales porque poseen la imagen de Dios en ellos. Sea que crean en Dios o no, el hombre tiene implantado en su corazón lo que es bueno y lo que es malo.
Lo que sucede es que al relativizar la moral perdemos todo tipo de estándar y todo tipo de derecho a juzgar a los demás. Podemos alegar que la ley moral depende de la sociedad, pero la sociedad está compuesta por personas, por lo que al final la moral depende de nosotros. Esto no nos dice nada. Por el contrario, por aceptar la moral como relativa es que han asesinado a miles de millones de niños aun estando en el vientre, por ser relativa es que vemos como al día de hoy se discute el matrimonio homosexual y el uso de las drogas. Al final, haber relativizado la moral es lo que nos ha traído la mayor cantidad de males.
Frederick Charles Copleston (10 April 1907 – 3 February 1994)
Claro, en este momento pueden algunos pensar en países avanzados de Europa donde el mayor porcentaje de estos países son ateos y son más avanzados que aquellos que profesan una religión. Un caso famoso es el de Suecia. Más del 70% de la población dice ser atea o no creer en ningún Dios. Pero resulta que su avance no tiene nada que ver con su religión, sino con las leyes impuestas por el gobierno. Pero, también resulta que en Suecia han aumentado los índices de tráfico de mujeres, así como la bestialidad (o zoofilia), donde incluso los agentes veterinarios indican que los animales han sido abusados sexualmente. ¡Qué país tan avanzado! Así existen otros casos pero al final, podemos ver países como Suecia, Suiza, Japón y Francia hacen parte de la lista de países con el mayor índice de suicidio.
Por otro lado, si aceptamos que existe el bien y el mal, y creemos que los mismos son absolutos, ¿Cómo podemos aceptar que Dios no existe? Si aceptamos que existe el bien y el mal, aceptamos una ley moral la cual nos permite distinguir el bien y el mal. Por lo tanto, tiene que haber un parámetro que determine qué es el bien y qué es el mal. Si suponemos que existe este parámetro, no podemos alegar que es relativo o que fue el hombre que lo creó (por las razones antes mencionadas). Debe existir un origen o una fuente de donde surge esta ley moral. Pero es precisamente a este Dador de la ley moral, a esta fuente, a quien los ateos y naturalistas desean negar (sin éxito).
Como nos dice Ravi Zacharias:
“El valor trascendente tiene que provenir de una persona de valor trascendente. Pero en un mundo donde solo existe la materia, no puede haber valor intrínseco.”[1]
¿Qué tenemos aquí?
Tenemos a un mundo sumergido en contradicciones y confusiones, en necesidad del Evangelio. El Evangelio (Dios, la Biblia y Jesús) provee las verdades absolutas en materia de la moral y de fe. Nos enseña de manera precisa ese estándar. La Biblia nos enseña varias cosas al respecto:
“¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” Isaías 5:20
Esto ya lo estamos viviendo.
“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: MAS EL JUSTO POR LA FE VIVIRA…porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.” Romanos 1:17, 19-20
Si no son los sentimientos quienes determinan la moral, ¿es entonces la razón? Kai Nielsen, un filósofo canadiense, en defensa del ateísmo escribe:
“La razón no es la que decide aquí. La imagen que les pinté no es agradable. Me deprime reflexionar en ella. La razón puramente práctica, aun conociendo muy bien los hechos, no te lleva a la moral.”[2]
No, la ley moral no es relativa. Tampoco es dependiente de alguien o de los deseos de la sociedad. La ley moral es absoluta porque proviene de Dios.
Es el cristianismo que enseña que toda vida tiene valor. En el secularismo, el ateo y el naturalista seleccionan valores en particular a su preferencia. Esto no ocurre así en el cristianismo. Dios puso en nuestros corazones el entender la ley moral impuesta por El. El pecado y nuestra maldad distorsionan este entendimiento y es por esto que hoy llaman a lo bueno malo y a lo malo bueno (como dice Isaías). ¡Estudiemos más de cerca la Biblia y veamos cómo Dios habla las verdades absolutas en un mundo sumergido en el engaño!

[1] Ravi Zacharias, El fin de la Razón, Florida: Editorial Vida, 2009. p.57
[2] Kai Nielsen, “Why should I be moral?” [¿Por qué debo ser moral?], American philosophical quarterly 21 (1984), p.90Todo ser humano ha vivido la sensación de cuando le han hecho algún mal o algún bien. Todos somos conscientes de que hay cosas buenas y hay cosas malas. Pero, ¿de dónde sale esto? ¿Cómo somos conscientes de aquello que la ciencia no puede probar? ¿Quién define la moral? ¿De dónde proviene?
Bertrand Arthur William Russell, 3rd Earl Russell (18 May 1872 – 2 February 1970)
Desde siglos pasados hasta nuestros días hemos presenciado como la ley moral ha tratado de ser relativizada. Ahora, lo que antes era malo, se ha convertido en bueno y viceversa. Cuando enfrentamos a las personas para que nos definan qué es la moral y quién impone la ley moral, obtenemos diferentes respuestas. Tal vez respondan como Bertrand Russell; cuando el sacerdote Copleston le preguntó cómo diferenciaba el bien del mal, Russel le respondió:
- “¿Cuál es mi justificación para distinguir entre el azul y el amarillo? Veo que son diferentes.”
- “Bien, es una justificación excelente. Estoy de acuerdo –dijo Copleston-. Usted distingue el azul del amarillo por la vista, así que ¿con que facultad distingue el bien del mal?”
- “Con mis sentimientos” –dijo Russell.
Si esto es así, volvemos la moral relativa. Si es relativa, ¿por qué imponer la ley moral sobre los demás? ¿Por qué juzgar a personas que hacen un “mal” a nuestro entender pero para ellos es un “bien”? Puedo mencionar varios ejemplos: el Marqués de Sade disfrutaba torturar mujeres; para él la felicidad se encontraba en torturarlas… ¿significa esto que el Marqués de Sade estaba haciendo algo malo o bueno? Por otro lado, podemos mencionar a Hitler o Mussolini o incluso Stalin. ¿Fueron sus actos buenos? O ¿son condenables? Ciertamente, desde el punto de vista cristiano, sus actos son condenables y perversos, pero desde el punto de vista ateo y naturalista no lo son (o no deberían).
Sin Dios, la moral no existiría. Es usual ver cómo los naturalistas mal interpretan esta afirmación. Alegan que ellos son seres morales al igual que las demás personas que no creen en Dios. Con lo cual debemos estar de acuerdo. La Biblia NO enseña que las personas son seres morales porque crean en Dios o no, la Biblia nos enseña que las personas son seres morales porque poseen la imagen de Dios en ellos. Sea que crean en Dios o no, el hombre tiene implantado en su corazón lo que es bueno y lo que es malo.
Lo que sucede es que al relativizar la moral perdemos todo tipo de estándar y todo tipo de derecho a juzgar a los demás. Podemos alegar que la ley moral depende de la sociedad, pero la sociedad está compuesta por personas, por lo que al final la moral depende de nosotros. Esto no nos dice nada. Por el contrario, por aceptar la moral como relativa es que han asesinado a miles de millones de niños aun estando en el vientre, por ser relativa es que vemos como al día de hoy se discute el matrimonio homosexual y el uso de las drogas. Al final, haber relativizado la moral es lo que nos ha traído la mayor cantidad de males.
Frederick Charles Copleston (10 April 1907 – 3 February 1994)
Claro, en este momento pueden algunos pensar en países avanzados de Europa donde el mayor porcentaje de estos países son ateos y son más avanzados que aquellos que profesan una religión. Un caso famoso es el de Suecia. Más del 70% de la población dice ser atea o no creer en ningún Dios. Pero resulta que su avance no tiene nada que ver con su religión, sino con las leyes impuestas por el gobierno. Pero, también resulta que en Suecia han aumentado los índices de tráfico de mujeres, así como la bestialidad (o zoofilia), donde incluso los agentes veterinarios indican que los animales han sido abusados sexualmente. ¡Qué país tan avanzado! Así existen otros casos pero al final, podemos ver países como Suecia, Suiza, Japón y Francia hacen parte de la lista de países con el mayor índice de suicidio.
Por otro lado, si aceptamos que existe el bien y el mal, y creemos que los mismos son absolutos, ¿Cómo podemos aceptar que Dios no existe? Si aceptamos que existe el bien y el mal, aceptamos una ley moral la cual nos permite distinguir el bien y el mal. Por lo tanto, tiene que haber un parámetro que determine qué es el bien y qué es el mal. Si suponemos que existe este parámetro, no podemos alegar que es relativo o que fue el hombre que lo creó (por las razones antes mencionadas). Debe existir un origen o una fuente de donde surge esta ley moral. Pero es precisamente a este Dador de la ley moral, a esta fuente, a quien los ateos y naturalistas desean negar (sin éxito).
Como nos dice Ravi Zacharias:
“El valor trascendente tiene que provenir de una persona de valor trascendente. Pero en un mundo donde solo existe la materia, no puede haber valor intrínseco.”[1]
¿Qué tenemos aquí?
Tenemos a un mundo sumergido en contradicciones y confusiones, en necesidad del Evangelio. El Evangelio (Dios, la Biblia y Jesús) provee las verdades absolutas en materia de la moral y de fe. Nos enseña de manera precisa ese estándar. La Biblia nos enseña varias cosas al respecto:
“¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” Isaías 5:20
Esto ya lo estamos viviendo.
“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: MAS EL JUSTO POR LA FE VIVIRA…porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.” Romanos 1:17, 19-20
Si no son los sentimientos quienes determinan la moral, ¿es entonces la razón? Kai Nielsen, un filósofo canadiense, en defensa del ateísmo escribe:
“La razón no es la que decide aquí. La imagen que les pinté no es agradable. Me deprime reflexionar en ella. La razón puramente práctica, aun conociendo muy bien los hechos, no te lleva a la moral.”[2]
No, la ley moral no es relativa. Tampoco es dependiente de alguien o de los deseos de la sociedad. La ley moral es absoluta porque proviene de Dios.
Es el cristianismo que enseña que toda vida tiene valor. En el secularismo, el ateo y el naturalista seleccionan valores en particular a su preferencia. Esto no ocurre así en el cristianismo. Dios puso en nuestros corazones el entender la ley moral impuesta por El. El pecado y nuestra maldad distorsionan este entendimiento y es por esto que hoy llaman a lo bueno malo y a lo malo bueno (como dice Isaías). ¡Estudiemos más de cerca la Biblia y veamos cómo Dios habla las verdades absolutas en un mundo sumergido en el engaño!

[1] Ravi Zacharias, El fin de la Razón, Florida: Editorial Vida, 2009. p.57
[2] Kai Nielsen, “Why should I be moral?” [¿Por qué debo ser moral?], American philosophical quarterly 21 (1984), p.90

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