lunes, 23 de marzo de 2009

EL CUERPO PERFECTO

Esta vez les quiero compartir uno de los mejores articulos que he leido, y se trata de un articulo escrito por una hermana colombiana, y posteado en una pagina donde tambien posteo los mios... espero que les guste, y sin mas preambulos les presento "EL CUERPO PERFECTO"

Todos nosotros (hasta aquellos que dicen no preocuparse por su físico), nos sentimos o nos hemos sentido “bombardeados”, de alguna manera, por ése invento que llaman “el cuerpo perfecto”. Nadie sabe quién lo inventó, nadie sabe exactamente por qué, pero el caso es que alguien estableció un día que “el ideal de belleza” debía tener unas medidas de escándalo, llevar una talla 38 (y si es una 36, mejor), marcar unas abdominales y unos músculos perfectos, y vestir “a la última”. Mientras nos presentan todo esto, aquéllos que certifican cumplir todos (o casi todos) los requisitos, intentan “vendernos la moto” diciendo que “no hacen nada especial para estar así”, que “comen de todo”, que “solo hacen un poco de deporte a la semana”, y que sólo con eso son capaces de lucirse sin un gramo de grasa y con un millón de gramos de esplendor. Somos tan ilusos que nos lo creemos.

Y, de repente, nos introducimos en una lucha contra nuestra propia naturaleza, y nos damos cuenta, entonces, que para conseguir ése cuerpo perfecto que anhelamos, no podemos comer de todo, tenemos que machacarnos en el gimnasio, tenemos que pasar hambre y, sobre todo, fundir nuestras tarjetas de crédito con cremas, productos adelgazantes, ropa, etc.

La verdad es que, mientras escribo esto me planteo cuál puede ser la ganancia que obtenemos con todo esto…


Poco a poco, nos hemos ido convirtiendo en “adoradores de nuestro propio cuerpo”, y sería bueno que nos preguntáramos “por qué”; por qué nos dejamos llevar, por qué nos dejamos influenciar de esa manera, por qué comenzamos a emplear tiempo y esfuerzo extras en algo que es perecedero. No, no es cuestión de irnos a los extremos. La Biblia dice que “somos templo del Espíritu de Dios” (1ª Cor. 3:16) y, como tal, hemos de cuidarnos, por nuestra propia salud y bienestar físico y mental, pero… no convertirlo en nuestro “objeto de culto”; hemos de cuidar nuestro aspecto exterior, pero… no ser esclavos de él a través del consumismo, las modas, la enfermedad.

Lo que pretende el mundo de hoy va “contra natura”, y… ¡estamos cayendo en la trampa! No existe “el cuerpo perfecto”, “las medidas perfectas”,… ¿qué nos lleva a pensar que esto es verdad? O, mejor dicho: “¿quién?”. No sé por qué me da la sensación de que es “cierto individuo” el que está llenando nuestra mente de cosas que, lejos de ayudarnos, está contribuyendo a destruirnos.



Solo hemos de echar un vistazo a nuestro alrededor, o quizá en nosotros mismos, o en nuestras propias familias, en nuestro grupo de amigos, porque las consecuencias no se han hecho de esperar: superficialidad disfrazada de vacío, afán desmesurado por aparentar ser quien no somos, trastornos de la conducta alimentaria, “locura” por las compras, abuso de la cirugía estética, etc.

Todo esto dista mucho del verdadero propósito con el que Dios nos ha llamado a vivir en esta tierra y, especialmente, a aquellos que somos sus hijos. No estamos aquí para rendirnos culto a nosotros mismos, sino para dar la gloria a Aquel que nos creó un día, e hizo que (más alto, más bajo, más guapo, menos guapo, más gordo o más delgado) tú y yo seamos especiales, y no por parecer lo que no somos, sino por ser como somos.

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