viernes, 4 de diciembre de 2009

Cuatro señales del fin

Cuatro señales del fin

No podemos exponer y comentar todas las señales de su segunda venida
(Jesucristo) al mundo que anuncia la Biblia. Permitidme sólo citarlas brevemente.

La primera señal es: «guerras y rumores de guerras». Guerras las ha habido siempre, pero eran pequeñas en comparación con las que hemos visto en nuestra generación. Dos guerras mundiales con millones de muertos. ¿Y por qué añade Jesús rumores de guerras? Por lo que ilustrábamos al principio con el barril de pólvora. El temor mutuo frena las guerras, es cierto, y por esto Jesús habla de rumores de guerra, o sea, la guerra fría, como la llamamos nosotros, detrás de las recientes guerras calientes.

La segunda señal que presenta la Biblia para el tiempo del fin es un adelanto fenomenal de la ciencia: «Aumentárase la ciencia», dice el profeta Daniel, hablando precisamente de los últimos tiempos, y añade: «Correrán las gentes de un lado a otro». Desde que los hombres existen como hombres sobre la tierra, el transporte de un lugar a otro fue efectuado por tracción animal. Podían variar la forma de los vehículos, pero siempre era el mismo medio y más o menos la misma velocidad, el trote de caballos, pero en el último siglo, «la ciencia se ha multiplicado», (usando la misma palabra del profeta Daniel), no un ciento por ciento, sino millares de veces por ciento, ya que hemos pasado en pocos años del caballo al avión y ello ha facilitado dos cosas, una buena y otra mala. Por un lado la facilidad para correr de una nación a otra, las máquinas, la radio, la televisión (cosas buenas), y por otro lado el temor constante de una guerra catastrófica.

La tercera señal es la vuelta de los judíos a su patria. Esta profecía que parecía muy lejana a principios de siglo, la hemos visto cumplida: los descendientes de Ismael están a la greña con los de Jacob, porque éstos han tomado posesión de la tierra que tuvieron sus antepasados, después de haber estado casi dos mil años esparcidos por todo el mundo tal como les fue profetizado.

La cuarta señal es el escepticismo religioso. Jesús dijo: «Cuando el Hijo de Dios viniere, ¿hallará fe en la tierra?» (Lucas 18:8). Es muy raro que el iniciador de un movimiento político, social o religioso anuncie un colapso de las ideas que él mismo se esfuerza en promover, todos anuncian lo contrario. Pero Jesús conocía el porvenir y preanuncia precisamente un eclipse de la fe para los últimos tiempos in-mediatos a su venida, de modo que a los que creemos no nos desalienta la incredulidad, antes bien nos sentimos inclinados a decir: «Tú lo sabías, Señor, lo que iba a ocurrir en los últimos tiempos; esto nos demuestra que no eras un hombre como nosotros, sino el Hijo de Dios. Ayúdanos y acrecienta nuestra poca fe».

Finalmente, sobre la quinta señal, el apóstol Pablo nos advierte de que en los últimos días reinarán una inmoralidad y un absoluto desprecio de los mandatos de Dios en cuanto a los lazos de la familia y de la sociedad como jamás había existido. ¿Y qué ocurre hoy día? ¿No son estas cinco señales profetizadas en la Biblia y cumplidas en nuestros días una prueba indudable de que la vuelta de Jesucristo está a las puertas? Me figuro que muchos dirán: ¿Pues qué espera? ¡Que vuelva ya de una vez y termine con todo este desbarajuste mundial! ¿Qué espera? Espera que hoy, cuando su Palabra puede ser anunciada por medios que no tenían nuestros antepasados, como la abundancia de literatura y la radio, algunas personas más hagan caso de estos avisos y se vuelvan a Él. San Pedro dijo: «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento» (2ª Pedro 3:9). ¿Está usted preparado o no lo está? ¿Qué piensa usted de estas señales tan claras que nos da la Biblia referente a los acontecimientos del tiempo del fin? ¿No coinciden todas de un modo maravilloso? De ningún modo conviene dejar este asunto para cuando él haya aparecido, como muchos pretenden, a causa de la incertidumbre de si será o si no será cierto, pues la misma Palabra de Dios nos advierte que esta actitud es extremadamente peligrosa, ya que nos dice que su venida será inesperada y representará una tremenda sorpresa para el mundo entero, sobre todo para aquellos que teniendo motivos para creer, habrían estado dudando y retardando su entendimiento espiritual con Él.

Quizás usted diga: ¿Cómo ocurrirá su venida? ¿Qué sucederá en aquel tiempo? También la Biblia nos da algunos detalles sobre ello, pero no tenemos lugar ahora para exponerlo; lo haremos en una próxima ocasión. De momento, más conveniente que satisfacer nuestra curiosidad acerca del futuro del mundo –que quizá nosotros no veremos, especialmente los que ya contamos con algunos años, o una precaria salud– es asegurar un feliz encuentro con Él; pues lo cierto es que si Él no viene en el período de nuestra vida, siempre breve, nosotros hemos de ir a Él. Por esto dice el apóstol Pablo: «Así que vivimos siempre animados, y sabiendo que entretanto que habitamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos no por vista), pero cobramos ánimo y preferimos estar ausentes del cuerpo y habitar en la presencia del Señor. Por lo cual también anhelamos, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo para que cada uno recoja lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o malo».

Y todos tenemos la convicción de que no hemos hecho absolutamente siempre, y en todas las ocasiones, lo que a Él le es agradable. Por esto necesitamos con urgencia volvernos a Él para entrar en una nueva relación de amistad, para que cuando nos llame por medio de la muerte o Él venga a recoger a los que le esperan, y poner paz y orden en este mundo, nos encuentre preparados, pues su próxima venida significará una gran diferencia entre los que le han esperado y los que no lo han hecho. Él ha hecho ya todo lo necesario para hacer posible y fácil la reconciliación con Él, como podremos observar en próximos capítulos, en que nos ocuparemos de lo que Él vino a hacer por nosotros; y luego continuaremos explicando lo que Él hará en este mundo cuando venga personalmente, como hemos ilustrado con el ejemplo de aquel padre que no pudo aguantar por más tiempo el insensato juego alrededor del barril de pólvora y tuvo que imponer su autoridad.

Entonces se cumplirá la frase que tantas veces hemos repetido en el Padrenuestro: «Sea hecha tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo». Empecemos, empero, nosotros a amar y buscar su voluntad desde hoy.


Por: Samuel Vila en su obra ¿Es razonable la fe cristiana? pags 57-61

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