jueves, 13 de mayo de 2010

EL HOMBRE NUEVO

Como seguidores de Cristo, debemos tomar a Dios de acuerdo a su Palabra y
aceptar como verdadero lo que él dice que somos. Esto significa que “nuestro
hombre viejo” representa a un hombre que todavía busca agradar a Dios en la
carne. Tal hombre odia el pecado, no quiere ofender a Dios, pero su conciencia
continuamente lo tiene bajo culpabilidad. Así que él se compromete a vencer
su problema de pecado: “¡Voy a cambiar! Comenzaré hoy día a luchar contra
este pecado que me acosa, no importa lo que cueste. Quiero que Dios vea que me
estoy esforzando mucho”.

Tal hombre trae ante Dios mucho sudor y lágrimas. El ora y ayuna para probarle

a Dios que tiene un corazón bueno. El es capaz de resistir al pecado por unos
días cada vez, así que se dice a sí mismo, “Si puedo hacerlo por dos
días, entonces ¿por qué no por cuatro, o por una semana?” Al final de un
mes él se siente contento con sí mismo, convencido de que se está logrando
su liberación. Pero entonces su pecado sale a flote, y él se hunde en
desesperación profunda. Y él comienza el ciclo nuevamente. Este hombre está
continuamente dando vueltas en una rueda de molino que nunca termina, y no
puede salir de ella.

¡Esto nunca debe de ser así! Ese hombre en la carne fue crucificado junto con

Cristo. Ha sido muerto a los ojos de Dios. Verdaderamente, Pablo nos dice que el
viejo hombre fue pronunciado muerto en la cruz. Jesús llevó a ese viejo hombre
a la tumba junto con él, donde fue dejado muerto y olvidado. De la misma manera
como el padre ignoró al “hombre viejo” en su hijo pródigo, el Señor nos
dice sobre nuestro viejo hombre, “Yo no reconozco ni trato con tal hombre.
Sólo hay un hombre que yo reconozco ahora, el único con quien trataré. Y ese
es mi Hijo Jesús, y todos los que estén en él por fe.”

El nuevo hombre es aquél que ha perdido toda esperanza de agradar a Dios con

esfuerzos de la carne. El ha muerto a las maneras viejas de la carne. Y por fe
él ha llegado a conocer que sólo hay una manera de agradar a Dios, una manera
de deleitar a Dios: Cristo debe de serlo todo. El conoce que sólo hay Uno al
quien el Padre reconoce: A Cristo y todos los que están en él.

Este hombre nuevo vive sólo por fe: “El justo por la fe vivirá”. El cree

en la Palabra de Dios tan completamente que él no se apoya en nada más. El ha
encontrado que Cristo es la fuente de todo, y que lo suple todo. Y él cree lo
que Dios dice de él: “Tu viejo hombre está muerto, y tu vida está
escondida con Cristo en Dios”. Tal vez él no lo sienta, o no lo comprenda
totalmente, pero él no alegará con la Palabra de su amado Padre. El la acepta
por fe, creyendo que Dios es fiel a su Palabra.


Por: David Wilkerson

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